Jutbah Semanal

Traducción al español de la Jutbah que se dicta en árabe desde el Mimbar de Mezquita As-Salam, cada viernes y en los Eid.

LA PUREZA DE LO QUE HAY EN NUESTROS PECHOS, SALÂMATUS-SADR

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Como escuchamos la semana pasada que habíamos tenido la suerte de experimentar un Ramadân tan hermoso, Allâh nos concedió la oportunidad de vivir y beneficiarnos de los mejores días del año, los primeros 10 días de Dhul-Hiÿÿah. Ahora, durante un período muy largo no experimentaremos días y noches tan auspiciosos, pero debemos aprovechar cada momento de nuestras vidas para acercarnos a nuestro Creador y Sustentador, Allâh Subhânahû wa Ta‘âlâ, y también debemos hacer un esfuerzo para proteger nuestras buenas acciones. que hicimos en esos auspiciosos días y noches haciendo dos importantes cosas: 1) Abstenernos del pecado, y 2) Tratar de vivir una vida con un corazón limpio, SalâmatusSadr. Precisamente este será el tema de nuestra Jutbah de hoy.

No hay duda de que la misión del Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) es el proyecto de reforma más grandioso que ha conocido la historia. Con su misión, la tierra se enderezó, las almas se purificaron, los corazones se limpiaron, y la vida fue comprendida en su verdadera esencia y propósito. Las condiciones de las personas y sus interacciones también mejoraron. Un poeta dijo: “El día en que Ahmad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) fue enviado, Allâh miró a la humanidad y transformó su estado”.

Uno de los tipos de reformas más grandes es la reforma de los corazones, porque el corazón es el rey y guía de todos los miembros. Por eso, el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) vinculó la rectitud de todo el cuerpo con la rectitud del corazón en el conocido hadîth narrado por An-Nu’mân Ibn Bashîr (radiallâhu ‘anhu) que señala: “Ciertamente, en el cuerpo hay un trozo de carne. Si está sano, todo el cuerpo está sano, y si se corrompe, todo el cuerpo se corrompe. Ciertamente, es el corazón”.

Al-Hasan Al-Basri (rahmatullâhi ‘alaihi) dijo: “Cura tu corazón, porque el propósito de Allâh  para los siervos es la rectitud de sus corazones”. Esto significa que el deseo y la exigencia de Allâh para Sus siervos es la rectitud de sus corazones.

Hablar sobre el corazón es un tema conmovedor, pero tal vez podamos señalar un aspecto de la reforma del corazón que es muy necesario y digno de ser destacado en un tiempo en que muchas personas están ocupadas con las apariencias y descuidan el estado interno, aunque Allâh no mira a los cuerpos ni a las apariencias, sino que mira a los corazones y las acciones. Este aspecto es la pureza del corazón, es decir, la limpieza del rencor, la envidia, la enemistad y el odio. El Islam ha insistido enfáticamente en unir los corazones de los musulmanes, difundir el amor y la amistad, y eliminar la odio y el resentimiento. Por eso, Allâh le otorgó a Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) un grupo de creyentes cuyos corazones estaban unidos, como dice en el Sagrado Qurân: “Él es Quien te ayudó con Su auxilio y con los creyentes. Y unió sus corazones. Aunque hubieras gastado todo cuanto hay en la tierra no habrías conseguido unir sus corazones, sin embargo, Allâh los unió. Verdaderamente Él es Irresistible, Sabio” [Sûrah Al-Anfâl (8), âyât 62 y 63].

Hablar sobre la pureza del corazón es uno de los temas más fáciles de abordar al hablar, sin embargo, es una de las cosas más difíciles de aplicar. Pero es fácil para quien Allâh lo hace fácil, ya que todos sabemos que la salvación del siervo el Día del Juicio está vinculada a la pureza de su corazón. Allâh dice acerca del Profeta Ibrâhîm (‘alaihis-salam): “Y no me entristezcas el día en que sean devueltos a la vida. El día en que ni la riqueza ni los hijos servirán de nada. Sólo quien venga a Allâh con un corazón limpio” [Sûrah Ash-Shu‘arâ (26), âyât 87 a 89]. Además, todos sabemos que el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) prohibió la enemistad cuando dijo: “No se odien, no se envidien, no se den la espalda, y sean siervos de Allâh, hermanos. No es lícito para un musulmán cortar relaciones con su hermano por más de tres días” [Al-Bujari].

Ibn Mâÿah narró de ‘Abdullâh Ibn Amr (radiallâhu ‘anhu) quien dijo: “Se preguntó: “¡Oh, Mensajero de Allâh! ¿Quiénes son las mejores personas?” Él (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Aquel cuyo corazón está puro y cuya lengua es veraz” Dijeron: “Conocemos la veracidad de la lengua, pero ¿qué es un corazón puro?” Él dijo: “Es el que es piadoso y puro, sin pecado, injusticia, rencor ni envidia”.

Reflexionemos en el dicho de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) “aquel cuyo corazón está puro…”, aquí el término “puro” indica una limpieza profunda, así como la que se hace  de vez en cuando en la casa, lo que significa que limpia su corazón de vez en cuando, y eso indica que el asunto no es fácil y requiere esfuerzo y paciencia. Solo aquellos con gran fortaleza pueden lograrlo, por lo que merecen el rango de las mejores personas y tienen un lugar elevado ante Allâh. Este era el estado de los compañeros del Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) de quienes Allâh elogió sus buenas cualidades y les concedió una parte de los botines: “Para los emigrados pobres, los que se vieron forzados a dejar sus hogares y sus bienes en búsqueda del favor y de la aceptación de Allâh y los que ayudaron a Allâh y a Su mensajero. Esos son los sinceros” [Sûrah Al-Hashr (59), âyah 8]. Refiriéndose a los Muhâyirûn, y luego dijo: “Y los que antes que ellos se habían asentado en la casa y en la creencia, aman a quienes emigraron a ellos y los prefieren a sí mismos, aun estando en extrema necesidad. El que está libre de su propia avaricia… Esos son los que tendrán éxito” [Sûrah Al-Hashr (59), âyah 9]. Refiriéndose a los Ansâr. Luego, Allâh describió el estado de aquellos que vinieron después de los Sahabah (radiallâhu ‘anhum) hasta el Día del Juicio y cómo deben ser, con amor por los compañeros y por los creyentes en general, y pureza de corazón hacia ellos, diciendo: “Y los que han venido después de ellos dicen: ¡Señor nuestro! Perdónanos a nosotros y a nuestros hermanos que nos precedieron en creer y no pongas en nuestros corazones ningún rencor hacia los que creen. ¡Señor nuestro! Realmente Tú eres Clemente y Compasivo” [Sûrah Al-Hashr (59), âyah 10]. ¡Cuán hermoso sería que aprendiéramos y recitáramos esta súplica mañana y noche!

Muchos hoy en día se abstienen de consumir lo prohibido o de mirar lo prohibido, pero dejan que sus corazones se sumerjan en el rencor, la envidia y el odio.

Ibn Raÿab (rahmatullâhi ‘alaihi) dijo acerca de algunos de los piadosos predecesores: “Las mejores obras son la pureza del pecho, la generosidad del alma y el consejo sincero para la comunidad. Con estas cualidades, algunos lograron lo que lograron, no por la cantidad de ayuno y oración”. ¿Ves cómo Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dio testimonio acerca de uno de sus compañeros, que era una persona del Ÿannah, aunque el hombre mismo reconoció que no era alguien que realizara muchas oraciones? ¿Cuál era el secreto de eso?

Anas Ibn Mâlik (radiallâhu ‘anhu) narró: “Estábamos sentados con el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y dijo: “Ahora pasará un hombre del Paraíso”, y pasó un hombre de los Ansâr con su barba goteando de las abluciones, llevando sus sandalias en su mano izquierda. Al día siguiente, el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo lo mismo, y el mismo hombre pasó en el mismo estado. Al tercer día, el Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo lo mismo nuevamente, y el mismo hombre pasó en el mismo estado. Cuando el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) se levantó, ‘Abdullâh Ibn Amr Ibn Al-As  siguió al hombre y dijo: “He tenido una disputa con mi padre y he jurado no entrar a su casa por tres días. ¿Podrías alojarme contigo hasta que pasen estos días?” El hombre respondió que sí. ‘Abdullâh contó que pasó esas tres noches con él y no lo vio levantarse a rezar por la noche en absoluto, excepto que cuando se giraba en la cama recordaba a Allâh y decía “Allâhu Akbar” hasta que se levantaba para la oración del Faÿr. ‘Abdullâh dijo: “No escuché nada malo de él. Cuando pasaron las tres noches y estaba a punto de menospreciar sus acciones, le dije: “¡Oh, siervo de Allâh! No hubo disputa entre mi padre y yo, pero escuché al Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) decir tres veces: “Ahora pasará un hombre del Ÿannah”, y tú pasaste esas tres veces. Quise acompañarte para ver tus acciones y seguir tu ejemplo, pero no vi que hicieras muchas acciones. ¿Qué te ha llevado a la posición que mencionó Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam)?” El hombre respondió: “Lo que ves es lo que hay, excepto que no guardo en mi corazón ningún engaño para ningún musulmán ni envidio a nadie por el bien que Allâh le ha dado”. ‘Abdullâh dijo: “Eso es lo que te ha llevado a esa posición, y es lo que no podemos lograr”. [Ahmad].

Después de conocer la gran recompensa y el inmenso bien que se obtiene de tener un corazón limpio, busquemos las razones que nos ayuden a lograrlo, para esforzarnos en aplicarlas y que Allâh Subhânahû wa Ta‘âlâ nos haga tener corazones puros. Entre estas razones están:

1) La súplica, una de las razones más importantes. Los creyentes han suplicado a  Allâh diciendo: “¡Señor nuestro! Perdónanos a nosotros y a nuestros hermanos que nos precedieron en creer y no pongas en nuestros corazones ningún rencor hacia los que creen. ¡Señor nuestro! Realmente Tú eres Clemente y Compasivo” [Sûrah Al-Hashr (59), âyah 10]. Por su parte, el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) también solía pedir diciendo: “Y te pido un corazón puro” [Ahmad].

2) Opinar bien de las personas e interpretar sus palabras de la mejor manera: Muchas veces, las personas caen en la enemistad porque interpretan mal las palabras de su hermano y les dan un significado negativo que la otra persona no necesariamente pretendía. ‘Umar (radiallâhu ‘anhu) dijo: “No pienses mal de una palabra pronunciada por tu hermano mientras puedas encontrarle una interpretación buena”.

Una vez, alguien visitó al Imâm Ash-Shâfi’î (rahmatullâhi ‘alaihi) mientras estaba enfermo y le dijo: “Que Allâh fortalezca tu debilidad”. El Imâm Ash-Shâfi’î respondió: “Si Él fortalece mi debilidad, me matará”. El visitante dijo: “Por Allâh, no quise más que (desearte) el bien”. El Imâm dijo: “Sé que, incluso si me insultaras, no pretenderías más que el bien”.

3) Evitar la compañía de los chismosos: Estas personas transmiten palabras con la intención de causar problemas. Son mensajeros de Shaitân en sembrar discordia entre las personas. Yahia Ibn Kathîr dijo: “Lo que hace el chismoso en una hora no lo hace un mago en un mes”. Incluso si las palabras del chismoso son ciertas, devuélvelas contra él y perdona a quien te haya hecho mal o haya hablado de ti. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “No quiero que nadie me informe de nada malo sobre ninguno de mis compañeros, porque quiero salir a encontrarme con todos ustedes con el corazón limpio”.

4) Dar regalos: Los regalos tienen un efecto positivo en la armonía y la eliminación del resentimiento. En un hadîth se señala: “Regálense y se amarán” [Bujari].

5) Aceptar la Voluntad de Allâh y estar satisfecho con lo que ha destinado para nosotros: Este es uno de los mejores remedios. Ibn Al-Qayyim (rahmatullâhi ‘alaihi) dijo: “Es imposible tener un corazón puro con descontento y falta de satisfacción. Cuanto más satisfecho esté el siervo, más puro será su corazón. La impureza, la duplicidad y el engaño acompañan al descontento, mientras que la pureza del corazón, su bondad y su sinceridad acompañan a la satisfacción”.

6) Recordar la gran recompensa que Allâh tiene para aquellos con un corazón puro: Como se mencionó antes, Allâh describe a los habitantes del Ÿannah diciendo: “Verdaderamente los temerosos (de Allâh) estarán en jardines y manantiales. ¡Entrad en ellos! En paz y a salvo. Les quitaremos el odio que pueda haber en sus pechos y estarán, como hermanos, recostados en lechos unos enfrente de otros” [Sûrah Al-Hiÿr (15), âyât 45 a 47].

Se requiere que el musulmán se purifique y se mantenga alejado de la malicia, el odio y la envidia. Entre las cosas que ayudan a tener paz en el corazón están: la sinceridad, la complacencia del siervo con su Señor y que su corazón esté lleno de Él, la lectura del Qurân contemplándolo, recordando el juicio y el castigo, la súplica, la caridad, recordando que a quien arrojas tus venenos y golpeas con tus flechas es un hermano musulmán, difundiendo la paz, absteniéndote de hacer demasiadas preguntas y haciendo un seguimiento de las condiciones de las personas, amando el bien de los musulmanes, no escuchar las calumnias y los chismes, reformar el corazón y continuar tratándolo, esforzarse por reconciliar las relaciones entre las personas.

Pedimos a Allâh que  haga que nuestros corazones sean sanos y no guardemos odio ni resentimiento contra los musulmanes, y que purifique nuestros corazones del rencor, la envidia, la discordia, la hipocresía y los malos modales. Âmîn.

Was-salâmu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh

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