Jutbah Semanal
Traducción al español de la Jutbah que se dicta en árabe desde el Mimbar de Mezquita As-Salam, cada viernes y en los Eid.
VIVIR CON CONCIENCIA EN UN MUNDO DISTRAÍDO
- Viernes, 26 de Diciembre de 2025
- Ÿumu‘ah, 6 de Rayab de 1447
- Imâm: Sh. Muhammad Usamah jada
En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.
Hermanos y hermanas, Allah nos ha honrado con un honor que ninguna civilización ni ideología puede ofrecer: nos ha honrado con el Islam. Nos sacó de la oscuridad hacia la luz, de la confusión hacia la claridad, del extravío hacia el propósito. Allah mismo lo dice en Su Libro: “Allah es el Protector de los creyentes; los saca de las tinieblas hacia la luz” (Surat al-Baqarah 2:257). Antes del Islam, el ser humano vagaba sin rumbo, esclavizado por sus pasiones, perdido entre supersticiones e injusticias. Fue el Islam el que devolvió dignidad al ser humano y enseñó que el valor no está en la raza, ni en la riqueza, ni en el linaje, sino en la conciencia de Allah. Por eso Allah dice: “Ciertamente, el más noble de vosotros ante Allah es el que más Le teme” (Surat al-Hujurat 49:13).
Por esta razón decía Umar ibn al-Jattab (radiyallahu anhu): “Éramos un pueblo humillado y Allah nos honró con el Islam. Si buscamos el honor fuera de él, Allah nos humillará.” El musulmán no necesita esconder su fe para ser aceptado ni diluir su identidad para encajar. Camina con humildad, pero también con dignidad; con respeto, pero con firmeza; con misericordia, pero con principios claros.
Vivimos, sin embargo, en una época llena de celebraciones, luces y ruido. Todo se convierte en fiesta, todo se normaliza, todo se justifica. Y en medio de esta confusión, el creyente es llamado a detenerse y preguntarse: ¿qué estoy celebrando?, ¿por qué lo celebro?, ¿qué hay detrás de ello? Ayer, el mundo celebró lo que se conoce como la Navidad. Y no hablamos de esto desde el desprecio ni desde la burla, sino desde la conciencia y la responsabilidad.
La Navidad no es simplemente una fecha cultural ni una tradición inocente. Tiene un origen, una creencia y un contenido teológico. Se celebra el nacimiento del llamado “Hijo de Dios”, según la creencia cristiana. Y aquí el musulmán se detiene, reflexiona y se posiciona. Nosotros creemos en Isa ibn Maryam (alayhi salam). Creemos en su nacimiento milagroso, en su pureza y en su mensaje. Pero no creemos que sea Dios ni hijo de Dios. Allah lo declara con absoluta claridad: “No es propio de Allah tomar un hijo. Glorificado sea” (Surat Maryam 19:35), y dice también: “Él no engendra ni ha sido engendrado” (Surat al-Ikhlas 112:3). Este no es un asunto secundario; es el núcleo del tawhid y el corazón del Islam.
Por eso, cuando un musulmán participa en celebraciones basadas en creencias contrarias a su fe, aunque sea por costumbre o cortesía, se abre una puerta peligrosa. No porque odie a los demás, sino porque ama su fe. El Islam nos enseña a respetar, convivir y tratar con justicia, pero también nos enseña a proteger nuestra identidad. El peligro no está solo en el acto, sino en lo que se siembra en el corazón, especialmente en el corazón de los hijos. El niño aprende por lo que ve, no por lo que se le explica. Así comienza la confusión, lentamente, sin ruido.
Por eso el Mensajero de Allah (sallallahu alayhi wa sallam) advirtió: “Quien imita a un pueblo, es de ellos” (Sunan Abi Dawud, hadiz hasan). No como amenaza, sino como advertencia llena de misericordia, para proteger la fe antes de que se debilite.
Después de estas celebraciones llega otra noche que el mundo espera con euforia: la noche de Año Nuevo. Una noche marcada por el exceso, el alcohol, la desobediencia y el olvido. Una noche donde se celebra el paso del tiempo como si fuera una victoria. Pero el creyente no celebra el paso del tiempo; el creyente reflexiona sobre él. Cada segundo que pasa es un segundo menos de vida. Cada día que termina es un paso más hacia la tumba.
Decía al-Hasan al-Basri (rahimahullah): “Oh hijo de Adán, tú no eres sino días; cuando pasa un día, pasa una parte de ti.” Y otro sabio decía: “Nada lamento tanto como un día que se fue sin que aumentara mi cercanía a Allah.” Mientras el mundo festeja, el creyente se pregunta si está más cerca de Allah que el año pasado. El Profeta (sallallahu alayhi wa sallam) dijo: “El inteligente es quien se juzga a sí mismo y obra para lo que viene después de la muerte; y el incapaz es quien sigue sus deseos y luego espera de Allah” (Sunan al-Tirmidhi, hasan).
La tumba nos llama cada día: “Yo soy la casa de la soledad, la casa de la oscuridad, la casa del polvo.” Y aun así muchos viven como si no fueran a entrar en ella. Allah dice: “Se ha acercado para la gente el momento de rendir cuentas, mientras ellos están distraídos” (Surat al-Anbiya 21:1). La muerte no avisa, no espera y no distingue entre jóvenes y mayores.
Hermanos y hermanas, no hagamos de estas fechas una noche más. Hagamos de ellas un regreso sincero a Allah. Que este nuevo año no sea solo un cambio de calendario, sino un cambio de corazón. Que podamos decir: este año quiero acercarme más a Allah, este año quiero cuidar mi oración, este año quiero conocer el Corán y vivir con conciencia.
Oh Allah, acepta nuestro arrepentimiento, purifica nuestros corazones y endereza nuestros pasos. Oh Allah, concede alivio a nuestros hermanos en Gaza, fortalece a los oprimidos, sana a los heridos y eleva a los mártires. Oh Allah, concede alivio a nuestros hermanos en Sudán y a todos los musulmanes que sufren injusticia. No nos desvíes después de habernos guiado. Âmîn.
Was-salâmu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh
