Jutbah Semanal

Traducción al español de la Jutbah que se dicta en árabe desde el Mimbar de Mezquita As-Salam, cada viernes y en los Eid.

LA PURIFICACIÓN Y SANACIÓN DEL ALMA

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Dice Allah Altísimo en el Sagrado Qur’ân: “¡Por el sol y su claridad! ¡Por la luna cuando le sigue! ¡Por el día cuando lo muestra brillante! ¡Por la noche cuando lo vela! ¡Por el cielo y Quien lo ha edificado! ¡Por la tierra y Quien la ha extendido! ¡Por el alma y Quien le ha dado forma armoniosa, instruyéndole sobre su propensión al pecado y su temor de Dios! ¡Bienaventurado quien la purifique! ¡Decepcionado, en cambio, quien la corrompa!” [Sûrah Ash-Shams (91), âyât 1 a 10].

Dice también: “Igual que os hemos mandado un Enviado de entre vosotros para que os recite Nuestras aleyas, para que os purifique, para que os enseñe la Escritura y la Sabiduría, para que os enseñe lo que no sabíais” [Sûrah Al-Baqarah (2), âyah 151].

Y dice también: “¡Bienaventurado, en cambio, quien se purifique, quien mencione el nombre de su Señor y ore!” [Sûrah Al-A’la (87), âyât 14 y 15].

Asimismo, se narra entre las súplicas del Enviado de Allah (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) que oró diciendo: “¡Oh, Allah! Otorga a mi alma el temor de Ti y purifícala, pues Tú eres Quien mejor puede purificarla. Tú eres su Protector y su Señor”.

Hermanos y hermanas, el estado del alma de la persona condiciona por completo su manera de vivir en esta vida mundana, así como influye directamente en su destino final en la otra vida. Allah Altísimo ha decretado en Su Libro que será bienaventurado quien purifique su alma, y fracasará quien la corrompa. Por eso, la misión de todos los enviados de Allah ha sido trabajar sobre las almas de las personas para purificarlas y salvarlas de la corrupción. Dice Allah Altísimo: “Igual que os hemos mandado un Enviado de entre vosotros para que os recite Nuestras aleyas, para que os purifique, para que os enseñe la Escritura y la Sabiduría, para que os enseñe lo que no sabíais” [Sûrah Al-Baqarah (2), âyah 151].

Cuando cada musulmán se preocupa por purificar y sanar su alma, se beneficia a sí mismo, naturalmente; pero también se abre el camino hacia una sociedad sana, justa y piadosa. Las sociedades no se corrompen de la noche a la mañana; se corrompen cuando se dañan los corazones de quienes las componen. Del mismo modo, las sociedades se reforman cuando las almas vuelven a Allah.

¿Pero cómo saber si nuestras almas necesitan ser purificadas? Cada uno de nosotros, cada musulmán y cada musulmana, debe examinarse a sí mismo. Si sentimos pereza para cumplir con nuestras obligaciones hacia Allah; si nos pesa realizar obras voluntarias para ganar más recompensa; si tomamos a la ligera los pecados que cometemos; si nuestras almas ya no se conmueven al incurrir en una falta; si nuestros corazones están llenos de arrogancia, orgullo, envidia, rencor, ostentación o un apego excesivo a este mundo; todos estos son indicadores de que nuestras almas necesitan ser purificadas de inmediato.

Una de las señales más peligrosas es que la persona deje de preocuparse por su estado espiritual; que pase el tiempo sin preguntarse cómo está su relación con Allah, cómo está su oración, cómo está su sinceridad o cuánto ha avanzado en su obediencia. El creyente verdadero se examina constantemente, pues sabe que comparecerá ante Allah el Día del Juicio.

Nuestro Señor es Misericordioso y Compasivo. Él conoce las debilidades y fortalezas de los seres humanos porque son Sus criaturas. Por eso, no puede existir mejor manera de sanar el alma que la que Él nos ha enseñado por medio de la revelación enviada a Sus mensajeros. El primer paso para la purificación del alma es reconocer sus defectos y luego trabajar con firmeza y constancia para corregirlos. Dice Allah: “A quienes se esfuercen por Mi causa los guiaré por Mis caminos. Allah está con quienes hacen el bien” [Sûrah Al-‘Ankabût (29), âyah 69].

La purificación del alma no ocurre de un día para otro. Es una lucha constante que dura toda la vida. Habrá avances y retrocesos, momentos de fortaleza y momentos de debilidad. Pero el éxito pertenece a quien persevera y no abandona el camino. El siguiente paso es acercarse a Allah por medio de los actos de adoración y obediencia, empezando por las obligaciones y añadiendo después todas las obras voluntarias posibles. Recordemos lo que Allah dice respecto al salâh: “Ciertamente, la oración preserva de los actos inmorales y reprobables” [Sûrah Al-‘Ankabût (29), âyah 45]. Por su parte, dijo nuestro Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “Haz abundante suÿûd” —es decir, abundante oración— “porque cada vez que te prosternes ante Allah, Él te elevará un grado y te borrará una falta”.

El zakâh y la sâdaqah también nos purifican. Dice Allah Altísimo: “Deduce de sus bienes una limosna para limpiarles y purificarles con ella” [Sûrah At-Tawbah (9), âyah 103]. El zakâh y la caridad sirven para sanar nuestras almas, pues nos enseñan a superar la avaricia, el egoísmo y el apego excesivo a los bienes materiales.

Asimismo, el ayuno, tanto obligatorio como voluntario, sirve para purificar el alma y adquirir el temor de Allah. Durante el ayuno dejamos cosas lícitas durante varias horas únicamente para complacer a Allah; por lo tanto, es un entrenamiento para abandonar lo ilícito en todo momento, buscando la complacencia de nuestro Señor. Dice Allah Altísimo: “¡Oh creyentes! Se os ha prescrito el ayuno, al igual que se prescribió a quienes os precedieron, para que alcancéis el temor de Allah” [Sûrah Al-Baqarah (2), âyah 183].

El recuerdo de lo efímero que es nuestro paso por este mundo y de que la muerte es una realidad inevitable también ayuda a sanar los males del alma. Por ello, Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) nos aconsejó visitar las tumbas, para que recordemos el Más Allá y disminuya nuestro apego al dunia.

Por supuesto, la lectura de la Palabra de Allah tiene una importancia inmensa a la hora de trabajar sobre nuestras almas. El Qur’ân no fue revelado solamente para ser recitado con la lengua, sino para ser comprendido, reflexionado y puesto en práctica. Por ello, nuestra conexión con el Libro de Allah debe ser fuerte y permanente. Escuchar el Qur’ân también tiene grandes beneficios para el corazón. Cuántas veces un versículo escuchado con atención logra ablandar un corazón endurecido, despertar a un negligente o fortalecer a quien atraviesa dificultades.

De entre los medios más importantes para purificar el alma está el recuerdo constante de Allah. Dice Allah Altísimo: “Aquellos que creen y cuyos corazones encuentran sosiego en el recuerdo de Allah. ¿Acaso no es con el recuerdo de Allah que encuentran sosiego los corazones?” [Sûrah Ar-Ra‘d (13), âyah 28].

Hermanos y hermanas, la verdadera riqueza no es la abundancia de bienes materiales, sino la riqueza del corazón. La verdadera victoria no es obtener una posición elevada en este mundo, sino encontrarse con Allah con un alma sana y purificada. Con la limpieza de nuestras almas alcanzaremos la complacencia de Allah y el Paraíso prometido a los creyentes. También podremos vivir en este mundo de la manera que complace a Allah, que es al mismo tiempo la forma que más beneficia a las personas, a las familias y a la sociedad.

Le pedimos a Allah Altísimo que purifique nuestros corazones, que sane nuestras almas, que nos haga constantes en Su obediencia, que nos conceda una buena vida en este mundo y una buena vida en el Más Allá, y que nos reúna en los jardines del Paraíso junto a los profetas, los veraces, los mártires y los virtuosos. Âmîn.

Was-salâmu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh

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