Jutbah Semanal

Traducción al español de la Jutbah que se dicta en árabe desde el Mimbar de Mezquita As-Salam, cada viernes y en los Eid.

JUTBAH EID AL ADHA

Allâhu akbar, Allâhu akbar, Allâhu akbar, lã ilâha illallâh
Allâhu akbar, Allâhu akbar wa lillâhilhamd
Allâhu akbaru kabîrâ walhamdulillâhi kathîrâ
Wa subhânallâhi bukratan wa asîlâ
Lã ilâha illallâhu wahdah

Queridos hermanos, respetadas hermanas, hoy celebramos el bendito día de Eid Al-Adhâ, el Día del Sacrificio, el día en el que recordamos una de las lecciones más grandes de la fe: La sumisión total a Allâh. Esta lección la aprendemos de la historia del Profeta Ibrâhîm, de su hijo Ismail y de su noble esposa Hâÿar (‘alaihimus-salâm).

El Islam, en su esencia, significa someterse a la voluntad de Allâh con confianza y obediencia.

La prueba de dejar a su familia

Uno de los primeros grandes sacrificios de Ibrâhîm (‘alaihis-salâm) fue cuando Allâh le ordenó dejar a su esposa Hâÿar y a su hijo Ismail en un valle desierto donde no había agua ni vegetación. Era el valle de Makkah. Cuando Ibrâhîm se marchaba, Hâÿar le preguntó: “¿Allâh te ordenó hacer esto?” Él respondió: “Sí”. Entonces ella dijo con una fe extraordinaria: “Entonces Allâh no nos abandonará”. Este es el verdadero tawakkul,  la verdadera confianza absoluta en Allâh incluso en los momentos más difíciles.

La prueba del sacrificio

Años después vino la prueba más grande. Ibrâhîm (‘alaihis-salâm) vio en un sueño que debía sacrificar a su hijo Ismail (‘alaihis-salâm). Y los sueños de los profetas son revelación. Cuando le contó a su hijo, Ismail respondió con una fe impresionante: “Padre mío, haz lo que se te ha ordenado. Me encontrarás, si Allâh quiere, entre los pacientes”. En ese momento vemos la grandeza de la fe: Un padre dispuesto a obedecer a Allâh. Un hijo dispuesto a sacrificarse por obediencia a Allâh. Y cuando ambos se sometieron al mandato de Allâh, Allâh reemplazó el sacrificio con un gran carnero.

Lecciones para nosotros

La historia de Ibrâhîm no es solo una historia del pasado, es una guía para nuestras vidas: 1) Obedecer a Allâh incluso cuando es difícil; 2) Confiar en Allâh en todas las circunstancias; 3) Estar dispuestos a sacrificar por nuestra fe; 4) Educar a nuestros hijos en la obediencia a Allâh.

El verdadero sacrificio

En Eid Al-Adhâ no solo sacrificamos animales; el verdadero sacrificio debe ser: Sacrificar nuestro ego; sacrificar nuestros pecados; sacrificar aquello que nos aleja de Allâh.

Queridos hermanos y hermanas, Imaginen por un momento aquella escena conmovedora: Un padre anciano, el Profeta Ibrâhîm (‘alaihis-salâm) sostiene el cuchillo con una mano que tiembla de amor y compasión, pero con un corazón firme porque sabe que está obedeciendo a Allâh. Frente a él está su hijo querido, Ismail, un joven lleno de vida, que acepta el mandato de Allâh con paciencia y fe.

Por otra parte, está la madre creyente, Hâÿar, la mujer que aprendió que quien confía plenamente en Allâh jamás será abandonado.

¡Qué momento tan extraordinario! Un momento donde se reunieron la fe, la obediencia, el sacrificio y la confianza absoluta en Allâh. Y en ese instante Allâh proclamó que Ibrâhîm había superado la prueba. No porque sacrificó a su hijo, sino porque estaba dispuesto a hacerlo por obediencia a Allâh.

Queridos hermanos y hermanas, Allâh no necesita la carne ni la sangre de nuestros sacrificios. Lo que Allâh quiere es nuestros corazones llenos de taqwa. Por eso debemos preguntarnos hoy: ¿Cuál es tu “Ismail”? ¿Qué es aquello que debes sacrificar por Allâh? Tal vez sea un pecado al que estás aferrado… Tal vez sea un orgullo que llevas en el corazón… Tal vez sea una negligencia en tu oración… Tal vez sea una injusticia hacia otra persona.

Eid Al-Adhâ no es solo un día de celebración, es un día para renovar nuestro pacto con Allâh. Un día en el que decimos desde lo más profundo de nuestros corazones: “Escuchamos y obedecemos, ¡Oh, Señor nuestro!”

Imaginen por un momento aquella escena extraordinaria: El Profeta Ibrâhîm (‘alaihi-salâm) camina por el desierto junto a su amado hijo Ismail; las montañas están en silencio; el desierto está tranquilo; pero dentro del corazón del padre hay una tormenta de emociones. Este no es solo un hijo… Es el hijo que esperó durante muchos años. Es el hijo que llegó después de largas súplicas. Es el hijo que llenó su vida de alegría. Y aun así… El mandato de Allâh está por encima de todo. Cuando llegaron al lugar del sacrificio, Ismail (‘alaihis-salâm) dijo palabras que estremecen el corazón: “Padre mío… si vas a cumplir el mandato de Allâh, átame bien para que no me mueva… afila el cuchillo para que no sufra… y cuando regreses, transmite mi saludo a mi madre Hayar” ¡Qué fe tan extraordinaria!

El padre coloca a su hijo sobre el suelo; intenta no mirar su rostro para que su corazón no se debilite; levanta el cuchillo… Y en ese momento… un momento que cambió la historia… Allâh llama desde los cielos: “Ibrâhîm, has cumplido la visión” El cuchillo se detiene. Y Allâh envía un gran carnero como sustituto. En ese momento el cielo y la tierra supieron que Ibrâhîm era verdaderamente el amigo cercano de Allâh.

Hermanos y hermanas, han pasado miles de años desde la historia de Ibrâhîm y su hijo Ismail (‘alaihimas-salâm), pero el eco de ese momento todavía resuena en el mundo entero. Cada año, en este día, millones de musulmanes ofrecen sacrificios. Pero la pregunta no es cuántos animales sacrificamos… La verdadera pregunta es: ¿Hemos aprendido el significado del sacrificio? Ibrâhîm nos enseñó a poner a Allâh por encima de todo.

Ismail nos enseñó a obedecer a Allâh incluso cuando la prueba es difícil. Y Hâÿar nos enseñó que quien confía en Allâh nunca será abandonado. Así que cuando regresemos hoy a nuestros hogares, regresemos con corazones renovados, con corazones que digan: “¡Oh, Allâh! Si nos llamas a obedecerte, obedeceremos. Si nos llamas al sacrificio, sacrificaremos. Si nos llamas a Tu camino, responderemos”. Que Allâh nos haga entre Sus siervos sinceros.

Miles de años han pasado desde la historia de Ibrâhîm (‘alaihis-salâm), pero su mensaje sigue vivo, él nos enseñó a poner a Allâh por encima de todo. Ismail nos enseñó paciencia y obediencia; y Hâÿar nos enseñó confianza absoluta en Allâh.

Que Allâh nos conceda corazones sinceros. Que Allâh acepte nuestros sacrificios y nuestras oraciones. Âmîn.

Taqabballâh minna wa minkum

EID AL-ADHÂ MUBÂRAK

0:00
0:00
Desplazamiento al inicio