Jutbah Semanal

Traducción al español de la Jutbah que se dicta en árabe desde el Mimbar de Mezquita As-Salam, cada viernes y en los Eid.

REFLEXIONES SOBRE LA VIDA DEL PROFETA IBRÂHÎM (AS), EL AMIGO ESCOGIDO DE ALLÂH

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Dice Allâh en el Sagrado Qurân: “¿Y quién, sino aquel que se rebaja a sí mismo, puede rechazar la religión de Ibrahim? Lo escogimos en esta vida, y en la Última, estará entre los justos” (Sûrah Al-Baqarah [2], âyah 130).

Dice también Allâh en el Qurân: “Es cierto que Ibrâhîm reunía en sí todo lo bueno, era obediente a Allâh y tenía una tendencia innata hacia la verdadera creencia sin haber sido nunca uno de los que asocian. Agradecido con Sus dones, Él lo escogió y lo guio a un camino recto. Y le dimos en esta vida favor y ciertamente en la Última estará con los justos” (Sûrah An-Nahl [16], âyât 120 a 122).

Abû Hurairah (radiallâhu ‘anhu) narró que dijo el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “¡Dirá Allâh, El Altísimo: “¡Soy con Mi siervo como él piensa de Mí; yo estoy con él cuando Me menciona, si él me menciona para sí, Yo hago mención de él a Mí mismo; y si él Me menciona en una reunión, Yo hago mención de él en una asamblea mejor que esa (de los ángeles); y si él se acerca a Mí un palmo yo me acerco a él un codo, y si él viene a Mí caminando, Yo voy a él corriendo!”.

La vida del Profeta Ibrâhîm (‘alaihis-salâm), por donde la miremos, está llena de luz, guía y lecciones para la Ummah hasta el día del Juicio final. Ibrâhîm (‘alaihis-salâm) pasó prueba tras prueba desde su juventud hasta su vejez, pero nunca desconfió de Allâh. En su juventud, el Profeta Ibrâhîm(‘alaihis-salâm) fue un joven perspicaz, cualidad que Allâh destaca en el Qurân: “Y en efecto, le habíamos concedido a Ibrâhîm buen juicio desde el principio, pues sabíamos que era digno de él” (Sûrah Al-Anbiyâ [21], âyah 51).

El comenzó su primera misión con su padre, a quien invitó al Islam, proclamó el mensaje de la verdad y le mostró el camino, sin obtener resultado. A continuación, extendió la invitación a la gente, y presentó sus argumentos basados en principios naturales y motivados para hacer que aceptaran la verdad. Esta invitación la hizo con ternura, dulzura de tono, pero con la firmeza y la claridad de la lógica.

Cuando Namrûd, el rey de ese tiempo, y su gente se dieron cuenta que no podían hacer frente a Ibrâhîm (‘alaihis-salâm) con sus pruebas, se decidió utilizar la fuerza. Decidieron deshacerse de él matándolo. Allâh dice: “Dijeron: Quemadlo y ayudad así a vuestros dioses, si sois capaces de actuar” (Sûrah Al-Anbiyâ [21], âyah 68). Por unanimidad acordaron quemarlo, pero no era un fuego ordinario, porque se construyó una estructura y le pusieron una gran cantidad de fuego. Allâh dice: “Dijeron: Haced una construcción a propósito para él, para arrojadlo a las llamas” (Sûrah As-Saf-fât [37], âyah 97). Cuando llegó el momento de poner a Ibrâhîm (‘alaihis-salâm) en ella, no podían siquiera acercase al fuego debido al intenso calor, por lo que se reunieron para determinar la forma en que Ibrâhîm (‘alaihis-salâm) debía ser lanzado al fuego. Shaitân, en forma humana, habló de hacer una catapulta para arrojar a Ibrâhîm (‘alaihis-salâm) al fuego, así que aceptaron esta opinión y la catapulta se utilizó para lanzar a Ibrâhîm (‘alaihis-salâm) en la gran hoguera.

En este difícil momento, la atención del corazón de Ibrâhîm (‘alaihis-salâm) no se movió de la contemplación de su Señor. Había Tawâk-kul, es decir, confianza total en protección de Allâh y en Su ayuda. No puso su confianza en nada de la creación, ni siquiera en los ángeles que vinieron en su ayuda. Dijo: “Mi Señor conoce mi condición, Él me ayudará”. Mientras estaba siendo arrojado en el fuego, sus últimas palabras fueron: “Hasbiallâhu wa ni’mal wakil” (Allâh me basta, y Él es el Mejor Protector). Los ‘ulamâ han escrito que se trata de palabras tan poderosas, que quien está en una situación de angustia y las recita con sinceridad y yaqîn (certeza), definitivamente verá y experimentará la nusrah (apoyo, auxilio, ayuda) de Allâh. Cuando Allâh vio que Ibrâhîm (‘alaihis-salâm) había centrado su corazón por completo en Él, ordenó directamente al fuego con las siguientes palabras: “Dijimos: Fuego, sé frío e inofensivo para Ibrahim” (Sûrah Al-Anbiyâ [21], âyah 69). Todos sabemos que la cualidad o característica del fuego es quemar, pero Allâh removió de este fuego esa cualidad; después de todo, el Creador de todas las cosas y de las condiciones es Allâh. Allâh dice: “Realmente cuando quiere algo Su orden no es sino decirle: Sé, y es” (Sûrah Yasîn [36], âyah 82).

Se dice que Ibrâhîm (‘alaihis-salâm) se quedó en el fuego por 40 a 50 días y dijo: “Fueron los mejores días de mi vida”. De la vida de Ibrâhîm (‘alaihis-salâm) aprendemos que quien confía en Allâh, Él le bastará.

Ibrahîm (‘alaihis-salâm), el amigo escogido de Allâh, nunca desesperó de la Misericordia de su Señor y a pesar de su méritos, sacrificios y esfuerzos, siempre volvió hacia Allâh pidiendo humildemente con algunas suplicas que Allâh ha mencionado en el Qurân para enseñar a la Ummah de Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) que nunca un siervo de Allâh debe estar contento con su estado de fe, confianza y certeza en Allâh sino a pesar de las circunstancias difíciles y problemas el siervo debe mejorar su relación con Allâh con total humildad y sumisión.

Ibrahîm (‘alaihis-salâm) también pedía a Allâh diciendo: “Y de Quien espero con anhelo que me perdone las faltas el Día de la Rendición de cuentas. ¡Señor mío! Dame juicio y tenme entre los justos. Concédeme que los que vengan después hablen de mí con verdad. Hazme de los herederos del Jardín de la Delicia, y perdona a mi padre, él ha sido de los extraviados. Y no me entristezcas el día en que sean devueltos a la vida. El día en que ni la riqueza ni los hijos servirán de nada. Sólo quien venga a Allâh con un corazón limpio” (Sûrah Ash-Shu‘arâ [26], âyât 82 a 89). Allâh aceptó las súplicas de Ibrahîm (‘alaihis-salâm).

Ânas ibn Mâlik (radiallâhu ‘anhu) narró de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “Allâh dijo: “¡Oh siervos míos! Siempre que me invoques y me pidas, te perdonaré por lo que has hecho, y no me importará; ¡Oh, hijo de Âdam! Aun cuando tus pecados alcancen las nubes del cielo y me pidas perdón, Te perdonaré; ¡Oh, hijo de Âdam! Siempre que vengas a Mí con pecados tan grandes como la tierra y te vuelvas a Mí, sin asociar nada conmigo, te otorgaré un perdón tan grande como tus pecados. ¡Oh, siervos míos! si el primero de vosotros y el ultimo, humanos y genios, se reuniesen en un mismo lugar, pidiéndome y yo otorgándoles a cada uno su petición, no decrecería lo que poseo, así como no decrece (el nivel de) el mar si una aguja es introducida en él. ¡Oh, siervos míos! Ciertamente, son vuestras obras, las que os computo, y luego os las recompensaré. Quien encuentre bien que alabe a Allâh, y quien encuentre lo contrario que no reproche por ello sino a sí mismo”.

Hermanos y hermanas, roguemos a Allâh para que nos permita aprender, entender estas enseñanzas y poder practicarlas. Âmîn.

Was-salâmu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh

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