Jutbah Semanal

Traducción al español de la Jutbah que se dicta en árabe desde el Mimbar de Mezquita As-Salam, cada viernes y en los Eid.

¡REFÚGIENSE EN ALLÂH!

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Hermanos y hermanas, reflexionen sobre este llamado de Allâh, un llamado que sacude los corazones dormidos y despierta a los que se han perdido entre los deseos y las distracciones: “¡Huyan hacia Allah! Yo soy para ustedes un claro advertidor.” (Adh-Dhariyât, 50)

Allah no dijo “caminen”, ni “vuelvan”, sino “huyan”. Porque el camino hacia Allah no es fácil: está rodeado de pruebas, tentaciones y obstáculos que intentan alejarnos de Él. Huir hacia Allah significa abandonar todo lo que te aleja de Su misericordia: huir del pecado hacia el arrepentimiento, de la duda hacia la fe, de la tristeza hacia la esperanza, del miedo hacia la confianza en Su protección.

Vivimos en una época donde las manos están llenas de tecnología, pero los corazones vacíos. En una sociedad donde el éxito se mide por apariencias, y el alma muere de hambre en medio de la abundancia. Corremos detrás del dinero, la fama y las distracciones, pero seguimos sintiéndonos vacíos. Como dice Allah: “La competencia por la abundancia los distrae.” (At-Takâthur, 1)

Nos distrae el deseo de tener más, de mostrar más, de impresionar más. Hasta que llega el momento en que comprendemos que nada de eso llena el corazón, porque el corazón fue creado para Allah, no para el mundo. “Ciertamente, con el recuerdo de Allah los corazones encuentran la paz.” (Ar-Ra‘d, 28)

Huir hacia Allah no es escapar del mundo, sino volver al propósito de la existencia. Es huir del ego hacia la obediencia, de los vicios hacia la pureza, de la oscuridad del pecado hacia la luz del perdón.

Ibn al-Qayyim (rahimahullah) dijo: “El que huye hacia Allah se aparta de todo lo que lo separa de Él.” Pero nosotros vivimos como si el mañana estuviera garantizado. ¿Cuántas veces decimos: “InshâAllah cambiaré”, pero seguimos atrapados en lo mismo? Huir hacia Allah comienza con una decisión, con un “basta” que nace del alma. Decidir dejar lo que apaga la luz del corazón. Decidir ser siervo de Allah de verdad, no esclavo de las pantallas, de las opiniones ni de los deseos.

¿De qué sirve tener miles de seguidores si no seguimos el camino de Allah? ¿De qué sirve hablar con todos, pero no hablar con Él en el silencio de la noche?

Uno de los sabios dijo: “Si los distraídos supieran el sabor de una sola noche en intimidad con Allah, venderían el mundo entero por esa noche.” Hermanos y hermanas, el Qurân está lleno de ejemplos de quienes huyeron hacia Allah y hallaron refugio.

Ibrâhîm (alayhi as-salâm) dijo: “Ciertamente, iré a mi Señor; Él me guiará.” (As-Sâffât, 99) Abandonó su tierra, su familia y todo lo que conocía, buscando únicamente la complacencia de Allah. Y Allah lo convirtió en el padre de los profetas.

Mûsâ (alayhi as-salâm), frente al mar y al ejército de Faraón, escuchó a su gente decir: “¡Seremos alcanzados!” Pero él respondió con certeza absoluta: “¡No! ¡Mi Señor está conmigo, Él me guiará!” (Ash-Shu‘arâ, 62) Y el mar se abrió, porque quien huye hacia Allah, nunca se queda sin salida.

Y nuestro amado Profeta Muhammad (sallallahu alayhi wasallam), cuando estaba en la cueva con Abû Bakr (radiyallahu anhu), mientras los enemigos los buscaban, le dijo: “No temas, ciertamente Allah está con nosotros.” (At-Tawbah, 40) Quien tiene a Allah consigo, ¿qué puede temer? Y quien se aleja de Él, ¿qué puede esperar?

Así también los justos del pasado huyeron hacia Allah con sus obras: ‘Umar (radiyallahu anhu) lloraba por los huérfanos y decía: “¿Qué responderé ante Allah mañana?” Abû Bakr (radiyallahu anhu) solía llorar en su oración hasta mojar su barba. Râbi‘ah al-‘Adawiyyah pasaba las noches diciendo: “Oh Allah, no busco Tu Paraíso, busco Tu agrado.” Ellos huyeron de los aplausos del mundo hacia la mirada de Allah, y allí encontraron la verdadera paz.

Huir hacia Allah no es una emoción, es una revolución interior. Es apagar el teléfono para encender el alma. Es cerrar la pantalla para abrir el Qurân. Es cambiar el ruido del mundo por el silencio del suyud.

Muchos dicen: “No siento la oración.” ¿Cómo sentirla si entramos en ella con el corazón lleno de distracciones? ¿Cómo saborear el Qurân si nuestra mente está saturada de ruido, preocupaciones y exceso de estímulos? El verdadero refugio está en las lágrimas de arrepentimiento y en el corazón que se quiebra ante Allah.

“Una lágrima en soledad, dijo un sabio, vale más que mil sonrisas en la distracción.” Y Allah nos dice: “Di: ¡Oh siervos Míos que han excedido contra sí mismos! No desesperen de la misericordia de Allah.” (Az-Zumar, 53)

Allah no busca a los perfectos, sino a los sinceros. Quien se arrepiente, quien vuelve, quien llora, es amado por Él. El Profeta (sallallahu alayhi wasallam) dijo: “Allah se alegra más por el arrepentimiento de Su siervo que uno de ustedes al encontrar su camello perdido en el desierto.” (Muslim)

Huir hacia Allah es dejar el pecado aunque cueste, porque nada es más dulce que sentir Su perdón. Es elegir la oración sobre el descanso, el Qurân sobre la distracción, el silencio con Allah sobre el ruido del mundo. Y cada vez que eliges a Allah sobre ti mismo, das un paso más en esa huida bendita.

Hermanos y hermanas, ¡Huyan hacia Allah antes de que se diga: “¿Dónde está el refugio?”! Huyan hacia Él con sus oraciones, sus lágrimas y sus obras, antes de que la puerta se cierre y el alma sea llamada de vuelta. “Ese día nadie tendrá refugio, y solo hacia tu Señor será el retorno.” (Al-Qiyâmah, 11–12)

¡Oh Allah! Haznos de los que huyen hacia Ti y no hacia el pecado. Haz que nuestros corazones solo se calmen con Tu recuerdo y nuestras almas se eleven con Tu perdón. Purifica nuestras intenciones, guía nuestros pasos, ilumina nuestras noches con Tu cercanía y nuestras vidas con Tu obediencia. Âmîn.

Was-salâmu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh

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