Jutbah Semanal

Traducción al español de la Jutbah que se dicta en árabe desde el Mimbar de Mezquita As-Salam, cada viernes y en los Eid.

LAS VIRTUDES Y BENEFICIOS DE LA ABLUCIÓN

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Nuestra de hoy trata sobre una de las ‘ibadât (adoraciones) que practica cada musulmán, sea joven o anciano, hombre o mujer, erudito o aprendiz, rico o pobre, viajero o residente. Me refiero a la ‘ibadât del wu, es decir la ablución, llamada así por el uso del agua para lavar miembros específicos de una manera determinada, con el fin de lograr la limpieza, la frescura, el resplandor y la belleza.

El wudû es un acto continuo de limpieza y purificación del corazón, del espíritu y del alma. Con él se limpian los miembros, se purifican los corazones y se elevan las almas.

Es importante señalar que la ablución, con sus condiciones, obligaciones y forma prescrita, no se limita a lavar las extremidades y quitar la suciedad, va más allá, pues es motivo para obtener grandes recompensas de Allâh, borrar los pecados menores, expiar las faltas, elevar el rango ante Allah, e incluso (con el permiso de Allah) puede ser causa de entrar al Yannah, protegerse del Shaitân y ser preservado de los males.

La ablución es una acción de gran mérito y abundante recompensa, por la pureza física y espiritual que se obtiene con ella. Está confirmado que Abû Malik Al-Ash‘arî (radiallâhu ‘anhu) dijo que el Rasulullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “La pureza es la mitad de la fe” [Muslim].

Pocos saben que el wudû es una acción independiente, un acto de cercanía a Allah, incluso aunque no vaya seguido de la oración. Es una de las causas de entrar al Paraíso y de adornarse con las joyas de este. Se narra que ‘Uqbah Ibn ‘Amir (radiallâhu ‘anhu) dijo: “Nos turnábamos para cuidar los camellos; me tocó mi turno y los traje por la tarde, y encontré al Mensajero de Allah (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) de pie hablando con la gente. Alcancé a oír que dijo: “No hay musulmán que realice la ablución y la perfeccione, y luego rece dos rak‘at concentrándose en ellas con su corazón y su rostro, sin que el Paraíso le sea asegurado” [Muslim].

También Abû Hurairah (radiallâhu ‘anhu) narró que el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Las joyas (del adorno en el Paraíso) llegarán hasta donde llegue la ablución” [Muslim].

El wudû es causa de la pureza física y espiritual, y una de las razones para alcanzar el amor de Allah, como dice el Altísimo: “En verdad, Allah ama a quienes se arrepienten y ama a quienes se purifican” [Sûrah Al-Bâqarah (2), ayâh 222].

Mantener la ablución es signo de la fe, pues la constancia en ella es una característica de perfección en los creyentes. Thaubân (radiallâhu ‘anhu) narró que el Mensajero de Allah (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Manteneos firmes (en el camino) aunque no podréis abarcarlo todo; sabed que la mejor de vuestras obras es la oración, y nadie mantiene la ablución sino un creyente” [Ibn Mâyah y Ahmad]. Además, Allah borra con el wudû los pecados y faltas. ‘Uthmân Ibn ‘Affân (radiallâhu anhu) narró: “Vi al Mensajero de Allah (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) realizar la ablución como yo la hago, y luego dijo: “Quien realice la ablución así, se le perdonarán los pecados cometidos anteriormente” [Muslim]. Y en otro hadîth dijo: “Quien realice la ablución y la haga bien, sus pecados saldrán de su cuerpo, incluso de debajo de sus uñas” [Muslim].

Debemos recordar que es un error pensar que la ablución solo se prescribe para la oración, ya que está legislada en muchos momentos de la vida del musulmán, como por ejemplo para la oración, para leer el Qurân desde el mushaf, antes de dormir, después de comer carne de camello, antes de hacer el tawâf a la Ka’bah, al despertar, antes del gusl, entre otros.

Entre los numerosos beneficios de dormir en estado de wudû se encuentran los siguientes: Abû Ad-Dardâ (radiallâhu ‘anhu) dijo: “Cuando una persona duerme, su alma asciende al Trono (Arsh) de Allah. Si durmió en wudû, se le permite hacer suyûd (frente al Arsh de Allâh), y si durmió en estado de impureza, se le niega el permiso para la postración” [Kitabuz-Zuhd de Ibnul Mubarak]. Una virtud similar se reporta de ‘Abdullâh ibn ‘Amr ibn Al-‘As (radiallâhu ‘anhumâ) en Shu‘abul-Iman. Estas narraciones son confiables y también han sido citadas por Hafidh Ibn Hayar (rahimahullâh) en su famoso comentario sobre Sahîh Al-Bujarî titulado Fathul-Bari.

La ablución tiene muchos beneficios religiosos y mundanos, con efectos positivos en la vida del musulmán, ya sea espirituales, de salud, psicológicos, preventivos y estéticos. Muchos estudios han mencionado estos beneficios, lo que obliga a todo musulmán a esmerarse en realizarla de la mejor manera posible para alcanzar la verdadera pureza, tanto física como espiritual.

Recordemos un hadîth grandioso sobre la virtud del wudû. Abû Hurairah (radiallâhu ‘anhu) narró que el Mensajero de Allah (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Cuando el siervo musulmán o creyente realiza la ablución y se lava el rostro, sale de su rostro todo pecado que sus ojos miraron, junto con el agua o con la última gota del agua; cuando se lava las manos, sale de ellas todo pecado que cometieron, junto con el agua o con la última gota del agua; cuando se lava los pies, sale de ellos todo pecado que cometieron, junto con el agua o con la última gota del agua, hasta que queda puro de pecados” [Muslim]. Y en otro hadîth de ‘Umar Ibn Al-Jattâb (radiallâhu ‘anhu), el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Quien realice la ablución y la haga bien, y luego diga: “Atestiguo que no hay divinidad digna de adoración excepto Allah, solo y sin asociado, y atestiguo que Muhammad es Su siervo y Mensajero. ¡Oh Allah!, hazme de los que se arrepienten y de los que se purifican”, se le abrirán las ocho puertas del Paraíso y podrá entrar por la que quiera” [Muslim y Tirmidhî].

Reflexionemos: ¿Dónde estamos nosotros respecto a este bendito acto de adoración? ¿Dónde está nuestra constancia en ella en todos nuestros momentos y circunstancias? Mantengámosla para ganar su bendición, obtener su recompensa y disfrutar de sus beneficios, comenzando por la obediencia a Allah y siguiendo la guía del Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), y cosechando sus efectos positivos en nuestra vida religiosa y mundana, especialmente si la realizamos completa y perfectamente.

Que Allah nos conceda a nosotros y a vosotros toda obra, palabra e intención recta, y nos otorgue una buena vida, una buena muerte, un buen final y un buen destino.

¡Oh Allah!, haznos de los que se arrepienten y de los que se purifican; concédenos entendimiento en nuestra religión, mejora nuestras condiciones, acepta nuestras adoraciones y guíanos en todos los asuntos de nuestra vida. ¡Oh Allah!, respóndenos, perdona nuestros pecados y nuestros excesos, perdona a los creyentes y las creyentes, vivos y muertos. Concédenos lo bueno de este mundo y lo bueno del Más Allá, y protégenos del castigo del Fuego. ¡Oh Allah!, haznos guías guiados, no desviados ni que desvíen; cubre nuestras faltas, tranquiliza nuestros miedos, alivia nuestras preocupaciones, y protégenos del Shaitân y de sus trampas. ¡Oh Allah!, reconcilia nuestros corazones, guíanos a los caminos de la paz, muéstranos la verdad como verdad y concédenos seguirla, y muéstranos lo falso como falso y concédenos evitarlo. Âmîn.

Was-salâmu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh

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