Jutbah Semanal
Traducción al español de la Jutbah que se dicta en árabe desde el Mimbar de Mezquita As-Salam, cada viernes y en los Eid.
- Viernes, 11 de Julio de 2025
- Yumu‘ah, 16 de Muharram de 1446
- Imâm: Sh. Sulayman E. Jada
LA CRIANZA DE LOS HIJOS Y LAS RESPONSABILIDADES DE LOS PADRES EN EL ISLAM
En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.
Allâh Subhânahû wa Ta’âlâ en Su Libro Sagrado: “¡Oh vosotros que habéis creído! Protegeos a vosotros mismos y a vuestras familias de un fuego cuyo combustible son los hombres y las piedras…” [Sûrah At-Tahrîm (66), âyah 6].
Queridos hermanos y hermanas en el Islam, hoy hablaremos sobre un tema esencial para nuestra comunidad, como es la educación y crianza de los hijos y las responsabilidades que el Islam pone sobre los padres.
El Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Cada uno de ustedes es un pastor, y cada uno de ustedes es responsable por su rebaño” [Bujârî y Muslim]. Esta enseñanza deja claro que los padres son responsables directos del bienestar espiritual, emocional, moral y físico de sus hijos.
Ciertamente, Allâh ha favorecido a Sus siervos con incontables bendiciones y mercedes que no se pueden enumerar. Toda gracia que percibe el ser humano en su vida es un regalo de Allâh. Dice Allâh: “Y toda gracia que tenéis proviene de Allâh” [Sûrah An-Nahl (16), âyah 53].
Sepan que hay bendiciones que Allâh concede a algunos y niega a otros, como una forma de prueba y purificación, para distinguir al bueno del malo. Dice Allâh Altísimo: “A Allâh pertenece el dominio de los cielos y la tierra. Él crea lo que quiere. Concede hijas a quien quiere, y concede hijos varones a quien quiere. O les da ambos, hijos e hijas, y hace estéril a quien quiere. En verdad, Él es Omnisciente, Poderoso” [Sûrah Ash-Shurâ (42), âyât 49 y 50].
Entre las mayores bendiciones después del Islam se encuentra la bendición de tener hijos, especialmente hijos piadosos. Quien ha sido privado de esta gracia reconoce realmente su valor. Cuántas personas han sido privadas de la paternidad o maternidad, y los ves esforzándose día y noche, invirtiendo todos sus recursos físicos y económicos en la esperanza de tener un hijo. Pero el poder de Allâh está por encima de todo esfuerzo o riqueza, pues Él es Sabio y Poderoso. Él prueba a Sus siervos y les concede según Su sabiduría. Así que tened paciencia, perseverad, mantened la firmeza y temed a Allâh, para que así tengáis éxito.
Nuestros hijos son el fruto de nuestros corazones, el soporte de nuestras espaldas, frescura de nuestros ojos, y la alegría de nuestras almas. Son el adorno de nuestras vidas. Allâh dice: “Los bienes y los hijos son el adorno de la vida mundanal” [Sûrah Al-Kahf (18), âyah 46]. Los hijos son la dicha de la existencia, la compañía que da sentido a la vida. Con ellos se endulza la vejez, y en ellos depositamos nuestras esperanzas. Con su buena educación se atrae el sustento, desciende la misericordia y se multiplican las recompensas.
Dijo el Profeta (salallâhu ‘alaihi wa sallam), según el hadîth de Abu Hurairah (radiallâhu ‘anhu): “Cuando muere una persona, se interrumpe su obra excepto por tres: una caridad continua, un conocimiento útil que haya dejado, o un hijo piadoso que haga súplicas por él” [Muslim]. Y cuánta verdad en las palabras del poeta: “Nuestros hijos entre nosotros son como nuestros corazones caminando sobre la tierra. Si el viento soplara fuerte sobre alguno de ellos, mis ojos no conocerían el sueño”.
Dijo también el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “Tu hijo tiene sobre ti un derecho” [Muslim]. Por lo tanto, tened cuidado de descuidar la educación de vuestros hijos, o de abandonar la responsabilidad hacia ellos; eso sería una traición, una falta grave, un engaño que lleva al Fuego. Narró Ma’qil ibn Yasâr (radiallâhu ‘anhu) que escuchó al Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) decir: “No hay siervo al que Allâh le haya confiado una responsabilidad, y no la haya cumplido con sinceridad, sin que se le prohíba incluso oler el aroma del Paraíso” [Bujârî y Muslim].
Así que cuidad de vuestros hijos. Cumplid con la responsabilidad que Allâh os ha encomendado. Aconsejadles, guiadles con sabiduría, porque cada uno de vosotros es un pastor, y cada uno es responsable de su rebaño.
La juventud es el pilar de la Ummah, su honor glorioso y su antigua grandeza. Los jóvenes son la fuerza de los pueblos, su fortaleza firme y su escudo protector. Ellos son la causa de las conquistas, el fundamento de las victorias. Quien estudie la historia, y hojee los libros de biografías y campañas islámicas, verá con el ojo del justo, del sabio y sensato, cómo los jóvenes, en los albores del Islam y después de él, fueron quienes conquistaron las tierras de los incrédulos, y quienes defendieron con coraje y firmeza las tierras del Islam. Eran los defensores de sus patrias, protectores del honor de sus familias, combatientes frente a sus enemigos, seguidores de la Sunnah de su Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), firmemente aferrados a su religión. Jóvenes en quienes su nación confiaba, a quienes temía su enemigo. Así es el joven musulmán digno y orgulloso.
Pero cuando el sabio observa con atención, y el perspicaz dirige su mirada a la realidad actual, no encuentra hoy sino a una juventud debilitada por la fiebre del Occidente, golpeada por el sol de un progreso falso, dominada por la civilización del descreimiento.
Se ha infundido en sus corazones la debilidad, y comenzaron a hablar sin conocimiento alguno. Los ves como ebrios, aunque no lo están. Allâh dice: “Se contentaron con quedarse entre los rezagados, y Allâh selló sus corazones, y por eso no comprenden” [Sûrah At-Taubah (9), âyah 87].
¿Son los jóvenes de hoy los mismos que los de ayer? Si buscáis la respuesta y queréis conocer la verdad, preguntad a las escuelas por sus estudiantes, a los empleos por sus trabajadores, a las mezquitas por sus fieles, a los callejones abandonados por sus ocupantes, y a las casas de ocio por sus visitantes…
¿Qué significa criar a nuestros hijos en el Islam? No se trata solo de darles comida, ropa o educación académica. Se trata de:
- Criarlos con fe (îmân): enseñándoles la creencia en Allâh, el amor por el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), y la importancia del Quran.
- Educar en la adoración: enseñándoles a orar, a hacer du‘â.
- A tener conciencia de Allâh desde pequeños.
- Transmitir valores: como la honestidad, la modestia, el respeto a los padres, el amor por la justicia y el buen trato a los demás.
Allâh nos confió estas almas puras, y nos preguntará por ellas.
Ejemplo del Profeta con los niños: El Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) mostró una ternura y un cuidado extraordinarios con los niños. Cuando veía a Hasan y Husein (radiallâhu ‘anhumâ) sus nietos, los abrazaba, jugaba con ellos e incluso los llevaba sobre sus hombros durante la oración.
Una vez, al ver al Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) besar a un niño, un beduino dijo: “Yo tengo diez hijos y nunca he besado a ninguno de ellos”. Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) le dijo: “¿Qué puedo hacer si Allâh ha quitado la misericordia de tu corazón?” [Bujârî].
Esto nos enseña que la misericordia, el afecto y la paciencia son fundamentales en la crianza islámica. No podemos ignorar que estamos criando a nuestros hijos en un mundo lleno de desafíos: redes sociales, pérdida de valores, confusión de identidades, presión del entorno.
Los niños son tesoros invaluables otorgados por Allâh: Sagrados, únicos, y merecedores de amor, dignidad y respeto. En el Islam, cada niño es considerado un depósito divino, y es responsabilidad de los padres criarlo en un entorno que favorezca su bienestar físico, emocional y espiritual. Deben ser amados, protegidos y guiados, para que puedan desarrollar todo su potencial a través de una atención adecuada, educación de calidad y valores positivos. Para los padres musulmanes, esta tarea va más allá de cubrir las necesidades materiales: implica inculcar en sus hijos un amor profundo y duradero por Allâh, por Su Mensajero (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), y por las enseñanzas del Islam.
Esta noble responsabilidad se inspira en el legado del Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), quien sigue siendo el mejor ejemplo para la humanidad, no solo con sus palabras, sino también con sus acciones, carácter y misericordia. Su ejemplo trasciende el tiempo y la cultura, ofreciendo una guía eterna a todo padre que desee criar hijos que tengan éxito no solo en esta vida, sino también en la otra. Nuestro amado Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) mostró esto con su comportamiento: amaba a los niños y siempre era compasivo y misericordioso con ellos. Expresaba su afecto hacia ellos de muchas maneras, con ternura, cercanía y paciencia.
Por tanto, es imprescindible que, como padres musulmanes, nos esforcemos por adoptar las mismas enseñanzas y métodos que nos mostró nuestro amado Maestro (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) en la correcta educación de nuestros hijos.
¿Cómo los protegemos?
- Estableciendo una conexión real con ellos: escucharlos, entenderlos, acompañarlos.
- Llenando sus corazones con el amor por Allâh y por el Islam, antes de que el mundo los llene con otras ideas.
- Siendo un ejemplo vivo: nuestros hijos imitan lo que ven, no lo que escuchan. Si rezamos, rezarán. Si mentimos, mentirán.
¿Y qué pasa si descuidamos esta tarea? El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “No hay persona a quien Allâh haya puesto a cargo de otros, y que muera mientras los ha traicionado, sin que Allâh le prohíba el Paraíso” [Bujârî y Muslim].
Esto incluye a los padres que abandonan su responsabilidad de criar con rectitud a sus hijos.
Conclusión y consejos prácticos:
- Haz du‘â por tus hijos todos los días, como hizo Ibrâhîm (‘alaihis-salam) cuando dijo: “¡Oh Señor mío! Haz que yo y mis hijos seamos constantes en la oración” [Sûrah Ibrâhîm (14), âyah 40].
- Lee el Quran con ellos. Aunque sea una sûrah corta, que lo hagan con tu presencia.
- Crea un ambiente de Islam en casa: con libros, palabras buenas, dhikr, horarios de oración.
- Busca apoyo en la comunidad: los imâm, escuelas islámicas, maestros de confianza.
Sobre la paternidad: Sobre el tema de la crianza de los hijos, Ali ibn Abi Tâlib (radiallâhu ‘anhu) dijo: “Juega con ellos durante los primeros siete años de su vida, luego enséñales durante los próximos siete años y luego, finalmente, asesóralos durante los próximos siete años”.
En los primeros siete años, su objetivo es construir una conexión fuerte con su hijo. Esta es la base, la base desde la cual crece su relación con ellos. Si esta roca es sólida, los años restantes serán mucho más fáciles. Si esta base se forma mal, los próximos años serán más desafiantes.
Si tiene niños pequeños, estos primeros siete años, son el momento de arremangarse e invertir, en gran medida, en los suyos y en su futuro. De hecho, serás recompensado por toda la progenie justa que te sobreviva, no solo los niños, hasta el Día del Juicio.
Durante los próximos siete años, y una vez que los niños alcanzan los siete años, están listos para aprender. Este es el momento en que son esponjas, listas para absorber cualquier cosa y todo lo que les digas, les enseñes, les muestres y hagas frente a ellas. Si construyó esa base sólida en las edades de cero a siete, ahora están más que dispuestos y felices de aprender de usted.
Este es el momento de enseñarles todo: ‘Aqîdah, halâl y harâm, fiqh, y todo lo que necesitan saber para sobrevivir durante toda su vida. El Qurân y la Sîrah también son muy importantes. Como dijo un destacado tâbi’î: “Aprendimos sîrah (con frecuencia y en detalle) de nuestros padres de la forma en que aprendimos el Qurân”.
Enséñeles deportes también, Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Enseñe a sus hijos a nadar, a tiro con arco y a caballo”. Obtienen muchos beneficios, incluyendo la aptitud física, el aprendizaje del trabajo en equipo y la deportividad.
En los últimos siete años, una vez que sus hijos cumplan catorce, probablemente ya sean mukallaf (adultos completos islámicamente y responsables de sus acciones); esto sucede en la pubertad, o a los quince años como máximo. A esta edad, estás casi fuera de escena. Los niños alcanzan la independencia; sus personalidades se manifiestan; miran más a sus compañeros que a sus padres y familias. Durante estos años críticos, hazte amigo de ellos, asesóralos y haz lo que puedas; entiendo que ahora son adultos completos, y las decisiones son suyas, correctas o incorrectas.
Si trabajó duro durante los últimos dos períodos de siete años, ya será ese confidente de confianza, ese asesor, esa persona a la que recurrirá cuando necesite ayuda o consejo. Sé parte de sus vidas y asesóralos lo mejor que puedas.
¡Que Allâh nos ayude a criar a nuestros hijos!
Rogamos a Allâh para que guía a nuestros hijos por el Camino Recto, para que los proteja del mal y los haga de los que Le aman, y siguen la Sunnah de Su Mensajero (sallallâhu ‘alaihi wa sallam).
Oh Allâh, haznos padres justos, misericordiosos y responsables. Âmîn.
Was-salâmu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh
