Jutbah Semanal

Traducción al español de la Jutbah que se dicta en árabe desde el Mimbar de Mezquita As-Salam, cada viernes y en los Eid.

EL VALOR DEL MATRIMONIO EN EL ISLAM

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Allâh dice en el Sagrado Qurân: “Y entre Sus signos está que creó para ustedes esposas de entre ustedes mismos, para que encuentren tranquilidad en ellas, y puso entre ustedes amor y misericordia” [Sûrah Ar-Rûm (30), âyah 21].

¡Qué grandiosa es esta religión! Que ve el matrimonio no solo como un deseo humano o una necesidad emocional, sino como un pacto sagrado, una construcción noble, y un acto de adoración con el cual se busca acercarse a Allâh.

Ser esposo no es un rango que se alcanza con riqueza o prestigio, sino una responsabilidad, un compromiso y una confianza. Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “La vida mundana es una provisión, y la mejor de sus provisiones es una mujer piadosa” [Muslim]. Y si la mujer es lo mejor que ofrece este mundo, ¿quién la merece sino un esposo virtuoso que la respete, la proteja y la ayude en su religión y en su vida?

La importancia del matrimonio en tiempos de pruebas

En esta época donde los valores se han debilitado, los deseos compiten, y las naturalezas se han distorsionado, el matrimonio islámico se convierte en una fortaleza segura y un refugio protegido. Hoy muchos hogares se han desmoronado, no por pobreza o enfermedad, sino porque el esposo olvidó su rol y abandonó sus deberes. La esposa se queja, los hijos se desvían y el hogar pierde su esencia.

En tiempos de tribulación, el matrimonio debe fundarse sobre: La firme creencia y el tauhîd (la unicidad de Allâh); El pudor y la castidad; La responsabilidad y la entrega, y; El conocimiento y el liderazgo.

‘Ali Ibn Abî Talib (radiallâhu ‘anhu) dijo: “Veíamos la casa como una mezquita, a la esposa como compañera en la da’wah, y educábamos a los hijos entre el mihrâb y el Qurân”. Por su parte, Ibrâhîm Ibn Ad-ham (rahmatullâhi ‘alaih) dijo: “Cuando entraba a mi casa, sentía que entraba al Paraíso, porque mi esposa temía a Allâh y me obedecía en lo correcto”. Teniendo en cuanta estas opiniones: ¡hombres! No sean esposos solo de nombre, sino ejemplos con sus acciones. Conviertan sus hogares en lugares de respeto y seguridad, sean motivo de preservar la religión y los valores en tiempos donde la corrupción se ha extendido. Allâh dice: “Y quienes dicen: “¡Señor nuestro! Concédenos de nuestras esposas y descendencia motivo de alegría, y haznos líderes de los piadosos” [Sûrah Al-Furqân (25), âyah 74].

Las cualidades del esposo ejemplar

Por la grandeza de este rol, el esposo debe reflexionar sinceramente y preguntarse: ¿Soy el esposo que Allâh quiere que sea? ¿Soy un ejemplo en mi hogar? ¿Mi esposa fortalece su fe al verme? ¿Mis hijos me imitan en honestidad, responsabilidad, adoración y buenos modales?

El esposo ejemplar es aquel que reúne cualidades que lo convierten en el mejor esposo, líder, educador y hombre, especialmente en tiempos donde los estándares se han desmoronado.

Taqwa y conciencia de Allâh: Sabe que nada se oculta de Allâh. Él le pedirá cuentas sobre su esposa y su hogar. No oprime, no humilla, no grita, no abre puertas a las tentaciones, ni abandona su casa por trabajo o distracciones. Allâh dice: “Los hombres son responsables de las mujeres, por la preferencia que Allâh les ha dado y por lo que gastan de sus bienes” [Sûrah An-Nisâ (4), âyah 34] La responsabilidad del hombre no es un privilegio, sino una obligación de justicia, cuidado y protección.

Justicia y equidad: El esposo ejemplar equilibra entre la misericordia y la justicia. Si discrepa con su esposa, no endurece su corazón, no la anula ni ignora sus derechos. Allâh dice: “Y traten a las mujeres con bondad” [Sûrah An-Nisâ (4), âyah 19]. Es decir, con buen carácter, palabras amables, trato justo, sabiduría y comprensión.

Paciencia y control del enojo: El esposo ejemplar no grita en cada discusión, ni amenaza o atemoriza. Más bien, controla su ira, se domina, y recuerda el valor del perdón y la paciencia. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “El fuerte no es el que derriba al otro, sino el que se controla cuando se enoja” [Bujârî y Muslim].

Respeto y dignidad: En su comportamiento, palabras y miradas, transmite autoridad combinada con amor. Honra a su esposa y protege su dignidad. No la menosprecia ni en privado ni en público. Said ibn Al-Musaiyib dijo: “Nadie honra a las mujeres sino el noble, y nadie las desprecia sino el vil”.

Servicio y humildad: Ayuda en casa, apoya a su esposa, limpia con ella, carga junto a ella, rompiendo con la falsa idea del esposo que no colabora.

‘Â’îshah (radiallâhu ‘anhâ) narró: “El Mensajero de Allâh ayudaba en las tareas del hogar” [Bujari].

Generosidad en el sustento: Gasta en su esposa sin humillarla, busca su sustento con orgullo y se alegra de verla sonreír. El Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “El dinar que gastas en tu familia es el que tiene mayor recompensa” [Muslim]

Ejemplo en adoración y comportamiento: Reza en casa, lee el Curân, recuerda a Allâh, enseña a sus hijos y establece la religión de Allâh en sí mismo antes de predicarla en su hogar. ‘Abdullâh Ibn Masûd (radiallâhu ‘anhu) dijo: “Sean llamados al Islam incluso en silencio” Le preguntaron ¿Cómo?, dijo: “Con su comportamiento y su carácter”

Responsabilidad del esposo en la crianza y formación de la familia musulmana

El esposo ejemplar no es quien se sienta en el trono dando órdenes sin asumir responsabilidades. Es un guía de viaje, pastor de una caravana, formador de generaciones, sembrador de un destino.

En cada acción del hogar, hay unos ojos pequeños observando. En cada palabra, un corazón se está moldeando. La educación de los hijos no comienza en la escuela, sino en el tono de tu voz, en la forma de tus miradas, en lo que haces día a día. Allâh dijo: “¡Oh creyentes! Protéjanse ustedes y a sus familias del Fuego” [Sûrah At-Tahrîm (66), âyah 6]. ‘Alî (radiallâhu ‘anhu) dijo: “Enséñenles y edúquenlos”.

Tus responsabilidades no se limitan a la comida y la ropa, sino a formar un ser humano, sembrar fe y construir hombres y mujeres para la Ummah. Enséñales, el Corán y su identidad. Sé tú quien les enseñe quién es Allâh, quién es su Profeta y cuál es su misión en esta vida. Haz que tu voz, recitando Sûrah Al-Fâtihah cada noche con ellos, valga más que mil clases escolares.

El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Ordenen a sus hijos que recen cuando tengan siete años, y disciplínenlos si no lo hacen a los diez, y sepárenlos en las camas” [Abû Dâwûd].

Siembra en ellos el pudor y la buena conducta El pudor no nace en la calle ni se aprende en el teléfono. Se cultiva en hogares donde se guarda silencio ante lo indecente, se aparta la mirada de lo que es harâm, se cuidan las palabras y se ofrece un ambiente puro.

Vigila quién los influye. No descuides lo que ven, lo que oyen y con quién se relacionan. Cuántos hijos se han perdido por un aparato en sus manos y un padre distraído frente a ellos. Hasan Al-Basri (rahmatullâhi ‘alaih) dijo: “Solían decir: “¡Oh hijo de Âdam! Eres padre incluso si no has engendrado, así que cuida a quién estás educando”.

No seas ni demasiado duro ni negligente. Sé equilibrado, como lo fue nuestro Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). No excesivo en la permisividad ni intimidante con los castigos. Él solía decir: “La bondad no se encuentra en algo sin embellecerlo”.

Ruega por ellos y con ellos. Sé el primero en decir: “¡Oh Allâh, protégelos, guíalos y abre sus corazones a Tu Libro!”. Tu súplica por ellos mientras lloras en el suÿûd vale más que mil consejos.

Allâh dijo: “Y quienes dicen: ¡Señor nuestro! Concédenos de nuestras esposas y descendencia motivo de alegría, y haznos líderes de los piadosos” [Sûrah Al-Furqân (25), âyah 74]

El esposo como fortaleza en tiempos de tribulación y corrupción

Cuando los peligros han penetrado en cada hogar, cada pantalla y cada corazón, el esposo creyente no puede permanecer inmóvil viendo a su familia desmoronarse. Él debe asumir el rol de muralla, escudo, barrera y líder que protege la fe, el honor, la mente y la visión de los suyos.

En una época en que lo ilícito está a un dedo de distancia, el exhibicionismo se transmite por cada móvil y se cuestiona el Islam en series y contenidos, es necesario un hombre, esposo y padre, que defienda su hogar. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Cada uno de ustedes es un pastor y será preguntado por su rebaño…” [Bujârî y Muslim].

Cierra las puertas de Shaitân. Evita que entre a tu hogar lo que desagrada a Allâh: redes sociales, canales, apps, amistades o ideas corruptas. Allâh dice: “Aquellos que desean que se propague la inmoralidad entre los creyentes, tendrán un castigo doloroso…” [Sûrah An-Nûr (24), âyah 19].

Eres tú quien primero debe corregir ese desequilibrio: en tus actos, elecciones y firmeza ante lo incorrecto.

Sé ejemplo de confianza y firmeza. En tiempos de incertidumbre económica y temor al futuro, tu hogar necesita alguien que fije su corazón en Allâh, no comprometa su fe por necesidad ni permita desviaciones bajo pretextos.

Allâh afirma: “Quien teme a Allâh, Él le otorga salida” [Sûrah At-Talâq (65), âyah  2].

Convierte tu hogar en mezquita y escuela. Sé el centro del recordatorio, líder de la oración, predicador del Qurân y educador del îmân. Si tú no lo haces, no culpes a quien lo hará en tu lugar. El Imâm Malik dijo: “Sabe que la rectitud de tu hijo depende de tu rectitud”.

Protege a tu esposa. En tiempos donde el respeto se minimiza y la permisividad se enaltece, protege a tu esposa con castidad, ayuda en su firmeza y guíala con amor y sabiduría, no con violencia ni imposición. Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo a ‘Umar Ibn Al-Jattâb (radiallâhu ‘anhu) sobre sus esposas: “Ellas son un aman (tesoro) contigo: las tomaste bajo la seguridad de Allâh…” [Muslim].

Un hogar sólido es fuente de fortaleza. No es la fuerza militar o la riqueza lo que sostiene a una nación, sino la fortaleza de sus familias. Protege tu hogar: es tu último bastión.

Suavidad y ternura en la relación conyugal

Cuando se habla de la relación matrimonial, lo primero debe ser la misericordia, no el dominio; la ternura, no la imposición. La verdadera fuerza no está en el tono alto sino en la sinceridad del afecto, en la constancia de la ternura y en la sabiduría de los actos. Allâh dice: “… creó para ustedes esposas para que encuentren en ellas tranquilidad, puso entre ustedes amor y misericordia…” [Sûrah Ar-Rûm (30), âyah 21]

La gentileza es un atributo profético. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) al entrar a su casa saludaba con amabilidad, sonrisa y calma. Nunca hablaba mal, ni fruncía el ceño sin motivo, ni humillaba, ni hacía sentir a su familia como carga. Un compañero le preguntó: “¿Cuál es el derecho de la mujer sobre su esposo?” Él respondió: “Que la alimente si él come, la vista si se viste, que no le golpee el rostro, ni la desaire, y que no la abandone en la cama salvo en casa” [Abû Dâwûd]

Sé refugio, no miedo. Tu esposa no necesita palacios: necesita un hombro donde apoyarse, palabra amable, mirada de amor, mano que seque sus lágrimas. Cada mujer se vuelve reina cuando encuentra un compañero que le reconoce su valor interior. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “El mejor de ustedes es quien mejor trata a su familia, y yo soy el mejor con la mía” [At-Tirmîdhî].

La palabra valiosa cambia corazones. Un “gracias”, “que Allâh te bendiga” o “te amo por Allâh” puede abrir puertas al acercamiento, afecto y tranquilidad. Nunca menosprecies lo que ella aporta, y exprésale tu gratitud y sonríe. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) enseñó: “No sea que un creyente se separe de una creyente; si detesta un rasgo, encontrará otro que lo complazca” [Muslim].

El amor es pureza en el Islam. Nunca el Profeta tuvo pudor en mostrar su afecto con Aisha: recostar la cabeza en su regazo, beber del mismo lugar, correr juntos…

Al ser preguntado por la persona más amada para él, respondió: “Â’îshah, y entre los hombres, su padre” [Bujari].

No seas fuente de lágrimas, sé su alivio. ¿Cuántas esposas duermen con preocupación? ¿Cuántas lloran en oración por una palabra que hirió su alma? Y ¿cuántos hombres revisarían sus actos si supieran que Allâh les preguntará por cada herida que causaron? El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Teme a Allâh en las mujeres, pues ellas están bajo tu tutela…” [Muslim].

Paciencia y sacrificio en la vida matrimonial y su impacto en la firmeza

La relación conyugal no es solo felicidad: es mezcla de alegría y dolor, salud y enfermedad, prosperidad y necesidad. Su fundamento es la fe, su motor la paciencia, y su escudo el sacrificio. Allâh dice: “Hicimos de unos a otros, prueba; ¿serán pacientes?” [Sûrah Al-Furqân (25), âyah 20].

Paciencia ante la falta de sustento. No todos los días hay comodidad o recursos abundantes. El esposo ejemplar no permite que la dificultad se convierta en enojo ni que el estrés en violencia. Confía en Allâh, tranquiliza a su familia y acepta con gratitud. Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) enseñó: “Miren a quien está por debajo de ustedes y no a quien está arriba; así evitarán despreciar una bendición” [Muslim].

Sacrificio en las dificultades. Trabajar de noche por el bienestar de su hogar, quedarse hasta tarde para cuidar a sus hijos o hacer esfuerzos para aliviar el día de su esposa. Así fue también el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), quien servía en casa antes de salir a la oración, sin quejarse.

Paciencia con los defectos. Nadie es perfecto; si algo no te agrada en ella, mira virtudes pasadas, malos momentos seguidos por buenos, y recuerda el vínculo, la compasión y el propósito de haber compartido la vida. El Profeta dijo: “No se separará un creyente de su creyente; si detesta un rasgo, estará complacido con otro” [Muslim].

Sacrificio en enfermedad y debilidad. Cuando ella enferma, ¿eres el mejor apoyo? ¿Sostienes su mano como en su juventud? ¿La animas, dices “aquí estoy”? Honras el vínculo humano que Allâh ha puesto.

El valor nupcial no está en la fuerza, sino en la paciencia. Enojarse es fácil. Lo heroico es controlar la rabia, permanecer en silencio siendo capaz, contener siendo herido, sacrificarse sin recordarlo y sonreír estando agotado.

La qûwama entre la comprensión correcta y la aplicación errónea

Hoy muchos enarbolan la “qûwama” sin entender que no es un honor ni poder, sino un deber, no autoridad, sino responsabilidad, y no medio de dominio, sino de cuidado y corrección. Allâh dice: “Los hombres tienen responsabilidad sobre las mujeres… por lo que Allâh les ha preferido y por lo que gastan” [Sûrah An-Nisâ (4), âyah 34]. Dos condiciones para la qûwama: taqwa y sustento. Quien no provee, no reza ni teme a Allâh en su familia, no tiene derecho a ella.

La qûwama es luz, no látigo. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) fue quien lideraba en su hogar, pero nunca con gritos ni golpes. Escuchaba, dialogaba, reía y actuaba con respeto.

Es adoración, no exhibición. El esposo noble sigue de cerca la oración de su esposa, la guía, la anima en debilidad, es paciente, generoso y protector de su castidad.

Qûwama no elimina el consejo. El esposo ejemplar consulta a su esposa y valora su opinión, como hizo el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) con Um Salama (radiallâhu ‘anhâ). Muchas veces, ella fue más sabia. La consultoría es fortaleza, no debilidad. Allâh dice: “Y su asunto es por consulta mutua…” [Sûrah Ash-Shura (26), âyah 38].

No es callar a la esposa. Algunos hombres dicen: “¡Cállate, yo soy el hombre!” Ese no es el Islam. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) escuchaba, dialogaba y tenía paciencia.

La qûwama implica responsabilidad ante Allâh. Con solo ser “responsable”, ya te vuelves responsable ante Allâh. Cada injusticia, humillación o descuido será tu carga. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Oh Allâh, aclara el derecho de los dos débiles: la mujer y el huérfano” [Ibn Maÿa].

El destino del esposo ante Allâh y ejemplos de los sabios en sus matrimonios

Esposo, llegará el día en que te encuentres ante Allâh: no llevarás tu cargo, tu fuerza, tus títulos ni tu familia. Serás preguntado por ti, luego por tu familia y tu hogar. El Profeta dijo: “Cada uno de ustedes es un pastor y será preguntado por su rebaño…” [Bujârî y Muslim].

Se te interpela: ¿Cuidaste ese depósito? ¿Fuiste un buen esposo? ¿Fuiste justo? ¿Fallaste? ¿Heriste un corazón que te amaba? ¿Fuiste instrumento de la rectitud de tu hogar o su declive?

El temor al juicio familiar más que al militar. ‘Umar (radiallâhu ‘anhu) dijo: “Por Allâh, si un asno se desbocara en Irak, Allâh me lo preguntaría; ¿acaso no arreglé el camino para él?”

Al-Hasan al-Basri añadió: “Por Allâh, el hombre será preguntado por sí mismo, su hogar, su esposa e incluso por el alimento que puso en su boca: ¿de dónde lo obtuvo?”

Tu matrimonio es camino al Paraíso… o al castigo. Puede ser la mayor bendición que te salve si lo cultivas con cuidado, o una carga si lo ignoras. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) enseñó: “El mejor entre ustedes es el que mejor trata a su familia”

Elige ser luz, no oscuridad; guía, no opresión; motivo de unión, no separación; que tu esposa te vea no como imposición de una cultura corrupta, sino como ejemplo de lo que Allâh desea.

En conclusión:

Esposo: sé luz para tu hogar. Ellos caminan por el sendero que tú dibujas. Sé compasivo, justo, paciente, generoso y responsable ante Allâh entre los tuyos.

Nada hay más grande en la tierra que un hogar rectificado sobre el amor de Allâh y la taqwa.

Roguemos a Allâh para nos haga de quienes cumplieron con la responsabilidad, guardaron el pacto, trataron bien a sus familias y edificaron hogares agradables a Allâh, y que corrija a nuestros esposos e hijos y proteja nuestras casas de las pruebas, el error y el extravío. Âmîn.

Was-salâmu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh

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