Jutbah Semanal
Traducción al español de la Jutbah que se dicta en árabe desde el Mimbar de Mezquita As-Salam, cada viernes y en los Eid.
LA DEVOCIÓN DE MARIAM (AS) Y LA VIRTUD DE ‘ISA (AS)
- Viernes, 19 de Diciembre de 2025
- Ÿumu‘ah, 28 de Yumada al-Thania de 1447
- Imâm: Sh. Almuthanna Soud Fajreldin
En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.
Respetados hermanos y hermanas, dice Allâh Altísimo: “El ejemplo [de la creación] de Jesús ante Allâh es como el de Adán, a quien creó del barro y luego le dijo: ‘¡Sea!’, y fue” (Al-’Imran 3:59). Dice también: “Dicen: «El Compasivo tuvo un hijo». Habéis proferido algo horrible; los cielos estuvieron a punto de hendirse, la tierra de abrirse y las montañas de caer derrumbadas porque le atribuyeron un hijo al Compasivo. No es propio [de la grandiosidad] del Compasivo tener un hijo. No hay nadie en los cielos ni en la tierra que no venga al Compasivo sino como siervo” (Mariam 19:88-93).
También dice: “No creen, en realidad, quienes dicen: «Allâh es el Ungido, hijo de María», siendo así que el mismo Ungido ha dicho: «¡Hijos de Israel, servid a Allâh, mi Señor y Señor vuestro!». Allâh veda el Jardín a quien asocia con Allâh. Su morada será el Fuego. Los impíos no tendrán quien les auxilie” (Al-Ma’idah 5:72). Dijo el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “No me elogien de manera exagerada como hicieron los cristianos con ‘Isa, hijo de Mariam”.
Respetados hermanos y hermanas: antes de hablar de ‘Isa, hijo de Mariam, es necesario detenernos un momento en la figura de su madre, una de las mujeres más nobles que haya conocido la humanidad. Mariam fue escogida por Allâh por su pureza, su sinceridad y su completa entrega a la adoración. Fue una mujer criada en la obediencia, en la modestia y en la confianza absoluta en su Señor, hasta el punto de convertirse en un ejemplo eterno para los y las creyentes.
Mariam (‘alaihas-salam) alcanzó un grado elevadísimo por su fe, su paciencia y su firmeza frente a la prueba. Fue honrada por Allâh con un milagro único, no como señal de divinidad, sino como prueba del poder absoluto de Allâh y como honor para una sierva que jamás se desvió de la servidumbre sincera. Su vida nos enseña que la cercanía a Allâh no se alcanza por linaje ni por títulos, sino por la obediencia, la humildad y la pureza del corazón.
La justicia es darle a cada cosa el derecho y el lugar que merece, y la injusticia es lo contrario a eso. La adoración es un derecho exclusivo de Allâh Altísimo; nada ni nadie merece ser adorado excepto Él. Por eso, adorar a Allâh es lo justo, mientras que adorar a otro ser, o a cualquier persona o cosa aparte de Allâh, es una injusticia evidente.
Dice Allâh en el Qur’an: “[Recuerda] cuando Luqmán exhortó a su hijo diciéndole: ‘¡Oh, hijito! No dediques actos de adoración a otro que Allâh, pues la asociación es una gran injusticia’” (Luqman 31:13).
Cuando Allâh envió a Sus mensajeros hacia las distintas comunidades y naciones, los envió con la misión de llamar a la gente a la unicidad de Allâh en la adoración y prevenirlos de la asociación y la idolatría. Hubo quienes se negaron a aceptar ese noble llamado, se aferraron a sus creencias paganas y rechazaron la unicidad de Allâh. Otros, en cambio, acataron el llamado de los profetas, se apegaron a sus enseñanzas de manera correcta, siguieron sus órdenes al pie de la letra y no modificaron a su antojo nada de lo que se les había enseñado.
Un tercer grupo cayó presa de su debilidad en la fe y de la ignorancia; sacaron las cosas de su sitio y le otorgaron a los profetas (por su amor y admiración hacia ellos) un nivel más alto del que en realidad tenían. Su nostalgia por ciertos aspectos de la vida pagana los llevó a intentar unir cosas que son totalmente opuestas: la unicidad de Allâh con la idolatría, la obediencia de los mandamientos de Allâh con la sumisión a sus pasiones e ideas, entre otras cosas.
Y es aquí, hermanos y hermanas, donde también se comprende correctamente la posición de Mariam. Ella fue una sierva virtuosa, honrada por Allâh, madre de un gran profeta, pero jamás reclamó para sí un estatus divino ni permitió que su pureza y su cercanía a Allâh fueran tergiversadas. Al igual que su hijo ‘Isa, Mariam representa el ejemplo perfecto de la servidumbre sincera, no de la adoración ni de la elevación indebida.
Es por esa razón que Allâh y Su Mensajero dejaron muy claro el lugar que debe ocupar cada cosa y los límites que no deben ser sobrepasados. Pongamos como ejemplo la posición de los profetas en la fe y las órdenes que dejaron Allâh y Su profeta respecto a la creencia que se debe tener sobre ellos. Para nosotros, los musulmanes, los mensajeros de Allâh son quienes tienen el rango más elevado entre toda la creación. Ellos recibieron la revelación de parte de Allâh y la pesada tarea de transmitir a la creación la voluntad del Creador. Allâh los protegió de las faltas y los pecados para que fueran un ejemplo a seguir para la gente. Son también quienes más sufrimiento y dificultades tuvieron que soportar.
Por eso, es natural que haya en el corazón de sus seguidores un profundo amor por ellos, pero ese amor —como todas las cosas de este mundo— puede convertirse en algo dañino si se sale de su medida correcta y no se adecúa a las enseñanzas que ellos mismos dejaron. Tenemos un ejemplo de ello en lo que ocurrió a algunos de los seguidores de ‘Isa (‘alaihis-salam): su amor por él los llevó a elevarlo hasta creer que él es Allâh, o el hijo de Allâh, o parte de una trinidad con Allâh Altísimo.
Allâh deja claro en el Qur’an que ‘Isa (‘alaihis-salam) es un ser humano que fue bendecido con la profecía, pero jamás tuvo ningún parentesco con Allâh Altísimo, pues Allâh no tiene parentesco con nadie de Su creación. Dice Allâh: “Di: ‘Él es Allâh, Uno. Allâh es el Absoluto. No engendró ni fue engendrado. Y no hay nada ni nadie que sea semejante a Él’” (Al-Ikhlas 1-4).
Dice también: “No creen, en realidad, quienes dicen: «Allâh es el Mesías, hijo de María», siendo así que el mismo Mesías ha dicho: «¡Hijos de Israel, servid a Allâh, mi Señor y Señor vuestro!». Allâh veda el Jardín a quien asocia con Allâh. Su morada será el Fuego. Los impíos no tendrán quien les auxilie. No creen, en realidad, quienes dicen: «Allâh es el tercero de tres». No hay ningún otro dios que Dios Uno y, si no paran de decir eso, un castigo doloroso alcanzará a quienes de ellos no crean. ¿No se volverán a Allâh pidiéndole perdón? Allâh es indulgente, misericordioso. El Mesías, hijo de María, es solo un Mensajero, como los otros Mensajeros que le precedieron. Su madre fue una creyente devota. Ambos consumían alimentos [como el resto de los seres humanos]. Observa cómo les aclaramos las evidencias, y cómo [a pesar de eso] rechazan la verdad” (Al-Ma’idah 72-75).
Estos versículos del Qur’an dejan clara la naturaleza de ‘Isa (‘alaihis-salam) como ser humano, y también dejan de manifiesto la creencia que debe tener todo ser humano respecto a él. Allâh aclara que Él, quien es el Creador de ‘Isa, lo escogió para llevar Su mensaje a Sus criaturas, y no le dio más facultades que esas. Ni Allâh le dio algo propio de la divinidad, ni él pidió a sus seguidores que creyeran semejante cosa respecto a él. No es propio de un profeta de Allâh que exija a sus seguidores que lo adoren asociándolo con Allâh. ¿Cómo podría hacerlo, si eso va en contra del espíritu mismo de su misión? Allâh nos informa que Él le preguntará a ‘Isa (‘alaihis-salam) si dio la orden a sus seguidores para que lo tomen a él y a su madre como divinidades aparte de Allâh, y nos informa también cuál será en ese momento la respuesta de ‘Isa.
Los versículos citados son una prueba de lo que ‘Isa (‘alaihis-salam) mismo enseñó y predicó a sus seguidores, y es lo que se espera de él y de todos los profetas enviados por Allâh Altísimo. Es por esta razón que nuestro profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) nos previno de que nuestro amor por él nos lleve a otorgarle una posición más elevada de la que Allâh le dio, como hicieron los cristianos con ‘Isa (‘alaihis-salam). Dijo: “No me elogien de manera exagerada como hicieron los cristianos con ‘Isa, hijo de Mariam”.
Es por esto mismo, hermanos y hermanas, que no es permitido para nosotros como musulmanes festejar o participar incluso de festejos que se fundan en una creencia errónea sobre los profetas de Allâh; y eso no quita que debamos hacer todos nuestros más sinceros esfuerzos por no faltar el respeto a nadie que profese una religión distinta a la nuestra. Debemos hacer dua por ellos, pidiendo que Allâh los guíe hacia la creencia correcta.
Hermanos y hermanas, uno de los aspectos que identifican a nuestro din es el equilibrio, que pone a todas las cosas en su lugar, y la instrucción de darle su derecho a Allâh, a cada persona, a cada criatura e incluso a cada cosa. Rogamos a Allâh que nos otorgue el amor por Sus mensajeros como es debido, y que nos dé un entendimiento completo y correcto de Su din, para que podamos así cosechar el éxito tanto en esta vida como en la otra. Âmîn.
Was-salâmu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh
