Jutbah Semanal
Traducción al español de la Jutbah que se dicta en árabe desde el Mimbar de Mezquita As-Salam, cada viernes y en los Eid.
- Viernes, 8 de Agosto de 2025
- Yumu‘ah, 14 de Safar de 1446
- Imâm: Sh. Almuthanna Soud Fajreldin
GASTAR EN EL CAMINO DE ALLÂH, EN LA CONSTRUCCIÓN DE MEZQUITAS
En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.
Allâh Altísimo dice en el sagrado Qurân: “El ejemplo de quienes gastan sus bienes por la causa de Allâh es como el de un grano que da siete espigas, y en cada espiga hay cien granos. Así multiplica Allâh a quien Él quiere. Y Allâh es amplio, conocedor” [Sûrah Al-Baqarah (2), âyah 261].
También dice: “Las mezquitas de Allâh sólo las mantienen quienes creen en Allâh y en el Último Día, hacen la oración, dan el zakâh y no temen a nadie excepto a Allâh. Estos son los que pueden ser guiados” [Sûrah At-Taubah (9), âyah 18].
Por su parte, el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Quien construya una mezquita por la causa de Allâh, aunque sea del tamaño del nido de un ave, Allâh le construirá una casa en el Paraíso” [Al-Bujari y Muslim].
Hermanos y hermanas, Allâh nos habla en estos versículos de un acto que trasciende este mundo y deja huella en la eternidad, como es gastar en Su camino, invertir de lo que nosotros amamos en lo que Allâh ama. Allâh nos exhorta a invertir en la construcción de nuestra vida eterna a través de un pequeño gasto que hagamos en esta vida, de acuerdo con nuestras capacidades.
Gastar en el camino de Allâh y compartir los recursos que Allâh nos ha otorgado con los necesitados es una de las obras más amadas por Allâh, además de ser una acción propia de un verdadero creyente. Dice Allâh: “Este es el Libro del cual no hay duda, es guía para los que son conscientes de Allâh y Le temen devocionalmente, los que creen en lo oculto, practican la oración, dan caridad de lo que les he provisto, esos que creen en lo que te ha sido revelado a ti (¡oh, Muhammad!) y a los profetas que te precedieron, y creen firmemente en la otra vida. Ésos son los que están en la guía de su Señor y serán los bienaventurados” [Sûrah Al-Baqarah (2), âyah 2-5].
En numerosos versículos del Qurân, Allâh nos exhorta a gastar en Su camino y por Su causa, sea en forma de una ayuda al necesitado, comida a un hambriento, alivio a un endeudado o en la construcción de una mezquita, un centro de conocimiento y guía o un cementerio para los musulmanes difuntos.
Allâh no necesita nuestro dinero, ni nuestras construcciones; somos nosotros los necesitados, los que tenemos hambre de salvación, de misericordia, de perdón; y Allâh, en Su generosidad, nos ofrece estos negocios sagrados, dar algo limitado en este mundo, y ganar algo ilimitado en el Más Allá.
No es casualidad que Allâh use el lenguaje de la economía y el comercio al hablar del gasto en Su causa: “¿Quién le prestará a Allâh un buen préstamo, que Él le devolverá multiplicado muchas veces?” [Sûrah Al-Baqarah (2), âyah 245]. ¿Quién entre nosotros no busca una inversión segura, un retorno garantizado, un capital que nunca se pierda? Aquí está: Dar por la causa de Allâh, y ganar de la bendición y la generosidad de Allâh.
Cuando estos versículos fueron revelados, la gente cuyo corazón sufría de la enfermedad de la hipocresía y el cuestionamiento rebelde de las ordenes de Allâh, se burlaron diciendo: “¡Allâh se ha declarado en bancarrota! ¡Allâh se ha quedado sin recursos y necesita a alguien que le dé un crédito!”. Pero El mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y sus compañeros entendieron perfectamente el mensaje. Allâh estaba ofreciendo hacer negocios con la bendición que Él mismo otorga y ganar recompensas cuantiosas al gastar de un dinero que Él mismo dio y que sólo a Él pertenece. ¿Se imaginan que alguien de muchos recursos nos ofreciera parte de su capital para que nosotros lo invirtamos en un negocio rentable, y luego nos deje la totalidad de la ganancia a nosotros y además nos prometiera una recompensa gigantesca por hacer el negocio? Sería un favor único y quien lo hiciera sería catalogado como la persona más generosa del universo, y jamás haríamos algo que le desagradara.
Nadie haría una oferta así, sólo Allâh es capaz de hacerlo y su generosidad es ilimitada.
Queridos hermanos, lo que damos en esta vida no desaparece. Lo que damos sinceramente, por Allâh, nos espera con creces. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “La caridad no disminuye la riqueza” [Muslim]. Por eso, en cierta ocasión el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) le preguntó a Â’îshah (radiallâhu ‘anhâ) acerca de una cabra que habían sacrificado para comer. Le dijo: “¿Cuánto nos queda de la cabra que teníamos?” ‘Â’îshah había dado todo en caridad y había dejado sólo la paleta del animal para comer. Entonces contestó: “Sólo nos queda la paleta” pero Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) le dijo: “No. Nos queda todo el animal, menos la paleta”. Con eso nos enseñó que lo que se consume de dinero, ropa, alimentos o riqueza es lo que se gasta realmente y se va de nuestras manos, mientras que aquello que se da en caridad es lo que queda con nosotros, aunque pensemos que lo gastamos por completo, porque lo volveremos a ver en la otra vida, multiplicado.
Toda caridad es valiosa, pero hay un tipo de caridad que permanentemente nos aporta beneficio, aunque solo hayamos hecho el gasto una sola vez, y que, aunque ya hayamos partido de este mundo, sigue dándonos beneficio: es la que el Mensajero de Allâh llamó. “Sadaqah Ÿariah” o caridad continua. Dijo el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “Cuando muere el hijo de Adam, sus obras se interrumpen salvo por tres: una caridad continua, un conocimiento que beneficie, o un hijo virtuoso que ruegue por él” [Muslim]. Una sadaqah continua puede ser un pozo de agua, una mezquita, un lugar donde se enseñe el Qurân, la Sunnah y la jurisprudencia islámica, o cualquier cosa que siga dando beneficio a la gente a través de los años.
Hablemos, a modo de ejemplo, sobre la construcción de una mezquita. Entre las obras más amadas para Allâh está la construcción y sostenimiento de las mezquitas, los lugares donde Su Nombre es recordado, donde el conocimiento se transmite, donde el alma se purifica, donde los corazones se unen. Las mezquitas son las casas de Allâh, donde no pasa un momento sin que haya alguien realizando una buena acción. ¿Cuántas personas harán el salâh o recitarán el Qurân en una mezquita mientras esta siga en pie? Cada oración que se realice en ella, cada palabra de Qurân que se recite, cada lágrima de arrepentimiento, cada niño que memorice allí una sûrah, todo eso estará en tu balanza el Día del Juicio si tú participaste, aunque sea con una piedra, un ladrillo o un peso.
Construir una mezquita, hermanos y hermanas, no es simplemente levantar paredes. Es edificar un faro de luz para generaciones. Es establecer una casa para Allâh en la tierra. ¿Y qué mayor honor que tener tu nombre inscrito entre los constructores de una casa de Allâh? Entonces, ¿qué mejor caridad continua o Sadaqah Ÿariah que una mezquita? Un lugar que servirá como fuente de oración, conocimiento, unidad y crecimiento espiritual mucho después de nuestra muerte.
Además, Allâh ha prometido un palacio en el Ÿannah a quien participa incluso en la construcción de una mezquita. Dijo nuestro Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “Quien construya una mezquita por la causa de Allâh, aunque sea del tamaño del nido de un ave, Allâh le construirá una casa en el Paraíso” [Al-Bujari y Muslim].
Allâh nos prueba con lo que poseemos. Nos mira para ver quién de nosotros da con sinceridad, sin esperar elogios ni reconocimiento, sino buscando únicamente Su rostro.
Y tú, hermano, hermana, que quizás piensas que no tienes mucho para dar, recuerda: Allâh no mira la cantidad, sino la intención. Un solo ladrillo puesto con sinceridad puede valer más que una fortuna puesta con orgullo. Y aquel que no puede dar con dinero, que dé con su esfuerzo, su tiempo, su voz, su du‘â. Dice Allâh Altísimo, sobre este negocio exitoso: “¡Oh creyentes! ¿Queréis que os indique un comercio que os salvará de un castigo doloroso?” [Sûrah As-Saff (61), âyah 10].
¡Este es el comercio! Este es el momento. No debemos dejarlo pasar.
Rogamos a Allâh altísimo que acepte de nosotros nuestros gastos sinceros, y que nos haga de los que construyen Su casa en esta tierra para que Él les construya una en Su Paraíso. ¡Oh, Allâh! Haznos generosos, sinceros y constantes. Une nuestros corazones en el bien y bendice nuestras mezquitas con luz, conocimiento y guía para toda la humanidad. Âmîn.
Was-salâmu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh
