Jutbah Semanal

Traducción al español de la Jutbah que se dicta en árabe desde el Mimbar de Mezquita As-Salam, cada viernes y en los Eid.

DEL MUNDIAL AL DÍA DEL JUICIO ¿PARA CUÁL DE LAS DOS FINALES TE ESTÁS PREPARANDO?

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Hay momentos en los que parece que el mundo entero se detiene: Se cambian horarios; se postergan reuniones; las familias se organizan; los amigos se reúnen; los restaurantes se llenan; las calles se vacían; millones de personas miran exactamente hacia el mismo lugar, ¿Por qué? Porque es la Copa Mundial.

Hoy unos hablan de Marruecos, otros hablan de Argentina, otros esperan a España, algunos sueñan con Francia, otros apoyan a Inglaterra, y cada uno defiende con pasión los colores de su selección. Los jóvenes conocen perfectamente los nombres de los jugadores; conocen quién clasificó; quién quedó eliminado; quién hizo el gol; quién falló el penal; quién llegará a semifinales; o quién levantará la copa. No menciono esto para criticar a nadie. No estoy aquí para decir que todo eso sea el problema, porque alegrarse por algo permitido no es un pecado. Lo menciono porque quiero hacer una pregunta, una sola pregunta.

Si nuestro corazón puede emocionarse tanto por un partido de apenas noventa minutos ¿Cómo debería emocionarse por una eternidad que nunca terminará? Si millones de personas organizan toda su semana para no perderse un partido ¿Cómo estamos organizando nuestra vida para no perder el Paraíso? Si un futbolista sacrifica años de entrenamiento para vivir apenas unos segundos levantando una copa ¿Qué estamos sacrificando nosotros para escuchar algún día las palabras más hermosas que un ser humano podrá escuchar?

Allah dice acerca de los creyentes: “Entren en él (el Paraiso) en paz y con total seguridad” (Surah Al-Hijr, 15:46) Imaginen ese momento: No habrá cámaras; no habrá periodistas; no habrá millones de espectadores; no habrá trofeos de oro. Habrá algo infinitamente mayor: Los ángeles recibirán al creyente, las puertas del Paraíso se abrirán, y Allah permitirá que ese siervo entre para permanecer allí por toda la eternidad.

Existe una victoria que llena titulares durante algunos días; existe una victoria que jamás terminará; existe una copa que, con el paso de los años, terminará guardada en un museo. Pero existe una recompensa que nunca desaparecerá.

Allah mismo definió cuál es el verdadero triunfo. Él no dejó que fueran los comentaristas, los periodistas o la sociedad quienes decidieran qué significa “ganar”. Allah dijo: “Quien sea apartado del Fuego e ingresado al Paraíso, ése habrá triunfado verdaderamente. Y la vida de este mundo no es sino un disfrute engañoso” (Surah Al ‘Imrân, 3:185).

Reflexionen sobre esta aleya. Allah no dijo: “Ése habrá tenido éxito”, no dijo: “Ése habrá alcanzado la fama”, no dijo: “Ése habrá ganado riqueza”, Allah dijo: “…ése habrá triunfado verdaderamente” Como si Allah nos estuviera diciendo: “Si quieres saber qué significa realmente ganar en esta vida… mira quién entra al Paraíso” Todo lo demás es temporal. Todo lo demás termina. Todo lo demás algún día será olvidado.

Pero entrar al Paraíso… Eso sí es el triunfo. Ese sí es el campeonato que jamás tendrá una derrota. Ese sí es el trofeo que nunca se romperá. Ese sí es el éxito que nunca será arrebatado. Y la pregunta que cada uno de nosotros debe hacerse hoy no es “¿Quién ganará el Mundial?”, la verdadera pregunta es “¿Estoy viviendo de una manera que me permita ganar el Más Allá?”.

Pensemos por un momento en un futbolista que sueña con levantar la Copa del Mundo. Ningún jugador llega a una final por casualidad, ni se despierta una mañana convertido en campeón. Detrás de esos noventa minutos que millones observan por televisión existen años de sacrificio silencioso: madrugadas de entrenamiento cuando nadie los veía, lesiones, derrotas, disciplina, lágrimas y una perseverancia que muy pocos están dispuestos a mantener. Hay entrenadores que corrigen cada error, compañeros que impulsan a seguir adelante y una vida entera organizada alrededor de un solo objetivo. El jugador sabe que no puede comer cualquier cosa, no puede dormir a cualquier hora ni entrenar solamente cuando tiene ganas, porque entiende que una final no se gana el día del partido; la final se gana durante todos los años anteriores.

Entonces me pregunto, y les pregunto a ustedes: si un ser humano es capaz de organizar toda su vida para levantar una copa que algún día terminará guardada en una vitrina, ¿cómo estamos organizando nuestra vida para encontrarnos con Allah? Porque nosotros también nos estamos preparando para una final. La diferencia es que aquella final dura apenas noventa minutos, mientras que la nuestra determinará una eternidad. Ellos entrenan para levantar una copa; nosotros vivimos para alcanzar la complacencia de Allah. Ellos esperan escuchar el pitazo inicial; nosotros esperamos el momento en que se sople la trompeta y toda la humanidad comparezca ante el Señor de los mundos. Ellos tienen un entrenador que corrige sus errores; nosotros tenemos el Corán y la Sunnah guiándonos hacia el camino correcto. Ellos tienen un plan de entrenamiento; Allah también nos entregó un plan perfecto para alcanzar el Paraíso: la oración, el ayuno, la caridad, el arrepentimiento, el buen carácter, la sinceridad y el recuerdo constante de nuestro Señor.

Quizás aquí encontramos una de las diferencias más importantes. Cuando un futbolista cae durante un entrenamiento, no abandona su sueño. Se levanta, vuelve a correr, vuelve a entrenar y continúa luchando. Entonces, ¿por qué algunos de nosotros, cuando caemos en un pecado, pensamos que todo está perdido? ¿Por qué permitimos que Shaytán nos convenza de que ya no vale la pena volver a Allah? Mientras el alma permanezca en el cuerpo, mientras el sol no salga por el occidente y mientras la muerte no haya llegado, la puerta del arrepentimiento continúa abierta. Allah, Glorificado y Exaltado sea, dice: “¡Oh, siervos Míos que han sido injustos consigo mismos! No desesperen de la misericordia de Allah. Ciertamente, Allah perdona todos los pecados. Él es el Absolvedor, el Misericordioso” (Surah Az-Zumar, 39:53).

¡Qué inmensa misericordia la de nuestro Señor! Después de todos nuestros errores, Allah no nos llama “pecadores”; nos llama “Mis siervos”. A pesar de nuestras faltas, todavía nos abre la puerta, todavía nos espera y todavía acepta nuestro regreso. Esa es la esperanza que ningún creyente debe perder jamás.

Queridos hermanos, hoy muchos jóvenes conocen perfectamente la alineación de Argentina, los jugadores de Marruecos, las estadísticas de España o los cambios de Francia. Y ese, por sí solo, no es el problema. La verdadera pregunta es otra: ¿conocemos con la misma pasión la vida de Abu Bakr? ¿Conocemos el sacrificio de Umar, la generosidad de Uthman, la valentía de Ali, la historia de Mus’ab ibn Umair, aquel joven que dejó el lujo de La Meca para entregar su vida por Allah? ¿Conocemos a Bilal, que soportó la tortura pronunciando una sola palabra: “Ahadun Ahad”? ¿Conocemos a Khalid ibn Al-Walid, la Espada de Allah?

Ellos fueron los verdaderos campeones de la historia. No levantaron una copa; levantaron el estandarte del Islam. No fueron recordados por un campeonato; fueron recordados porque Allah quedó complacido con ellos. Esa es la gloria que nunca desaparece. Porque dentro de cien años nadie recordará quién marcó un gol en unos cuartos de final, quién ganó una semifinal o quién levantó la Copa del Mundo de esta generación. Los récords serán superados, los estadios tendrán nuevos campeones y los trofeos acumularán polvo. Sin embargo, los nombres de Abu Bakr, Umar, Uthman, Ali, Bilal, Mus’ab, Jadiyah y Fátima seguirán siendo pronunciados con amor por millones de creyentes alrededor del mundo. ¿Por qué? Porque quien vive para Allah nunca muere en los corazones de los creyentes; mientras que quien vive únicamente para la fama de este mundo, tarde o temprano será olvidado.

Hermanos y hermanas, roguemos a Allâh para que nos permita entender y practicar estas enseñanzas. Âmîn.

Was-salâmu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh

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