La Protección del Corazón

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Dice Allâh Altísimo en el Sagrado Qurân: “…Y luego se alejan. ¡Que Allâh aleje sus corazones! Porque ellos son gente que no comprende” [Sûrah At-Tawbah (9), âyah 127].  Dice también: “Y cuando se apartaron, Allâh apartó sus corazones. Allâh no guía a la gente descarriada” [Sûrah As-Saf (61), âyah 5].

Respetados hermanos y hermanas, la peor enfermedad y la más grave que puede aquejar al siervo es la dureza y desviación del corazón, o que Allâh ponga una barrera entre la persona y su corazón a raíz de un pecado que haya cometido.

Cuando el corazón de una persona se endurece y se desvía su atención de Allâh, Allâh lo aleja de Su obediencia y deja de afectarse por los actos de adoración y por los signos de Allâh que se manifiestan en la creación que lo rodea, como si fuera una auténtica ceguera. Dice Allâh: “Y es verdad que no son los ojos los que están ciegos sino que son los corazones que están en los pechos los que están ciegos” [Sûrah Al-Haÿÿ (22), âyah 46].

Si una persona desea saber en qué estado está su corazón, debe observar a la gente que encuentra un disfrute en la adoración de Allâh y un sabor especial en la recitación del Qurân y en sus conversaciones con Allâh en la oscuridad de la noche mientras la gente duerme, sus corazones se han vuelto brillantes y puros, inclinados naturalmente hacia la obediencia de Allâh, y que mire, por otro lado, a la gente que persiste en los pecados, sus faltas les provocan daños gigantescos en esta vida y la otra, pero, a pesar de eso, se mantienen  sumidos en ellos y cuando alguien les aconseja, no escuchan su consejo. Sus corazones se encuentran oscuros e indolentes y no tienen ya la facultad de discernir entre el bien y el mal.

¿A cuál de estos grupos pertenezco? ¿Con cuál de estos estados me identifico? Deben ser estas las preguntas que debe formularse cada uno de nosotros.

Los compañeros del Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), así como los que les siguieron, solían revisar periódicamente el estado de sus corazones, identificaban los efectos negativos que habían dejado las faltas cometidas para poder así realizar una limpieza a través del recuerdo de Allâh y la recitación del Qurân hasta recuperar el buen estado del corazón.

Dice Allâh: “Allâh ha hecho descender el más hermoso de los relatos: Un libro homogéneo, reiterativo. A los que temen a su Señor les eriza la piel y ésta y sus corazones se enternecen con el recuerdo de Allâh” [Sûrah Az-Zumar (39), âyah 23].

Cuando el corazón de una persona se ablanda, empieza a percibir el gusto de las buenas obras y a disfrutar de ellas. Por eso, mencionaremos algunas acciones que ayudan a ablandar el corazón:

Cuidar de las obras obligatorias.

Recitar frecuentemente el Qurân. Lo ideal es recitar lo todos los días una cantidad especifica, de acuerdo con las capacidades de cada uno. El Qurân es lo que le da vida a nuestro espíritu. Dice Allâh: “Asimismo te hemos inspirado un espíritu que viene de Nuestra orden” [Sûrah Ash-Shura (42), âyah 52].

El abundante Recuerdo de Allâh. Dice Allâh Altísimo: “Los que creen y tranquilizan sus corazones por medio del recuerdo de Allâh. ¿Pues no es acaso con el recuerdo de Allâh con lo que se tranquilizan los corazones?” [Sûrah Ar-Ra’d (13), âyah 28].

La súplica. El Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) solía pedir a Allâh que guiará su corazón hacia su obediencia. Dice Allâh en el Qurân: “¡Señor nuestro! No desvíes nuestros corazones después de habernos guiado y concédenos misericordia procedente de Ti, ciertamente Tú eres el Dador Generoso “ [Sûrah Ali-‘Imrân (3), âyah 8].

Hermanos y hermanas, roguemos a Allâh que ilumine nuestros corazones y los guíe hacia su obediencia, que nos proteja de la dureza del corazón y sus negativos efectos en esta vida y la otra. Âmîn.

Wassalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakatuh

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