Jutbah Semanal
Traducción al español de la Jutbah que se dicta en árabe desde el Mimbar de Mezquita As-Salam, cada viernes y en los Eid.
EL AMOR DE MUHAMMAD (SAW) POR SU UMMAH
- Viernes, 16 de octubre de 2026
- Ÿumu‘ah, 5 de Rabi'ul-Auwal de 1448
- Imâm: Sh. Sulayman E. Jada
En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.
El tema de nuestra Jutbah de hoy es profundamente conmovedor: El amor del Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) por su comunidad, su preocupación constante por nuestra guía y su deseo de que alcancemos la felicidad y la salvación en esta vida y en la otra.
Cuando estudiamos la vida de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), descubrimos que su corazón estaba lleno de misericordia. No se preocupaba únicamente por sus propios asuntos; pensaba en su comunidad, en sus dificultades, en sus pecados, en sus necesidades y, sobre todo, en su destino ante Allâh. Su mayor deseo era que las personas conocieran a su Creador, encontraran el camino de la verdad y se salvaran del castigo de Allâh.
Hoy reflexionaremos sobre esta extraordinaria misericordia y sobre cómo debemos responder a su amor.
Allâh describe la misericordia del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): Allâh describe a Su Mensajero (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) con palabras que nos permiten comprender la profundidad de su amor por nosotros. Dice en el Sagrado Qur’ân: “Ciertamente, se os ha presentado un Mensajero salido de entre vosotros. Le apena que sufráis, se preocupa por vosotros y es compasivo y misericordioso con los creyentes” [Sûrah At-Taubah (9), âyah 128]. ¡Qué descripción tan hermosa del Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam)! Allâh nos dice que al Profeta le dolía el sufrimiento de su comunidad. Se preocupaba por nosotros y deseaba sinceramente nuestro bienestar.
Cuando alguien se extraviaba, deseaba que encontrara la guía. Cuando alguien cometía un error, procuraba enseñarle. Cuando alguien sufría, mostraba compasión. Cuando alguien necesitaba orientación, le indicaba el camino correcto.
Su misión no consistía solamente en transmitir mandamientos y prohibiciones. Su misión era transformar los corazones, elevar el carácter de las personas y conducirlas hacia la misericordia de Allâh. Por eso Allâh dice: “Y no te hemos enviado sino como misericordia para los mundos” [Sûrah Al-Anbiyâ (21), âyah 107].
El Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) fue una misericordia para los creyentes y un ejemplo de bondad, justicia, paciencia y compasión para toda la humanidad. Su vida nos enseña que la verdadera grandeza no consiste en dominar a los demás, sino en servir, orientar, perdonar y ayudar a las personas a acercarse a Allâh.
El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) sufría al ver a las personas alejadas de la verdad
El Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) sentía una profunda preocupación cuando veía que las personas rechazaban la guía de Allâh. Él no buscaba riquezas, fama ni poder; deseaba que los seres humanos encontraran la verdad y alcanzaran la salvación. Allâh dice en el Qur’ân: “¿Acaso vas a consumirte de tristeza por ellos si no creen en este mensaje?” [Sûrah Al-Kahf (18), âyah 6]. Este versículo refleja la intensidad de la preocupación del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) por la gente. Su tristeza no provenía de una ofensa personal; le dolía que las personas rechazaran el mensaje que podía conducirlas a la salvación.
¡Qué lección tan importante para nosotros! Cuando vemos que nuestros hijos se alejan de la oración, ¿nos preocupamos por su relación con Allâh? Cuando vemos a nuestros jóvenes absorbidos por las distracciones del mundo, ¿intentamos orientarlos con paciencia y sabiduría? Cuando alguien desconoce el Islam, ¿le mostramos su belleza mediante nuestras palabras y nuestro comportamiento? ¿Nos preocupa el bienestar espiritual de nuestras familias, nuestros vecinos y nuestra comunidad?
Amar al Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) significa también preocuparnos por aquello que a él le preocupaba: la fe, la orientación, el buen carácter y la salvación de las personas. Debemos invitar a los demás hacia Allâh con sabiduría, misericordia y buenos modales, sin arrogancia, humillación ni dureza innecesaria.
Las lágrimas del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) por su comunidad
Uno de los relatos más conmovedores sobre el amor de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) por su comunidad fue transmitido por el Imam Muslim. El Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) recordó las súplicas de los profetas Ibrâhîm e ‘Isa (‘alaihimus-salam) por sus pueblos. Después levantó sus manos y dijo: “¡Oh Allâh, mi comunidad, mi comunidad!”, y lloró. Allâh ordenó a Ÿibrîl (‘alaihis-salam) que acudiera al Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y le preguntara por qué lloraba, aunque Allâh lo sabía perfectamente. Rasûlullâh expresó su preocupación por su comunidad. Entonces Allâh le comunicó: “¡Oh Ÿibrîl! Ve a Muhammad y dile: “Te complaceremos respecto a tu comunidad y no te causaremos pesar” [Sahîh Muslim]. ¡Qué escena tan conmovedora! El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) no lloraba por haber perdido una riqueza, por no haber alcanzado una posición mundana ni por haber sufrido una pérdida material. Lloraba por su comunidad. Su preocupación era que las personas se alejaran de Allâh, que desperdiciaran la oportunidad de arrepentirse y que no alcanzaran la salvación eterna.
Detengámonos un momento y reflexionemos: ¿Cuántas veces recordamos al Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) durante el día? ¿Cuántas veces pedimos que Allâh le conceda paz y bendiciones? Y, más importante aún, ¿cuánto de su enseñanza está presente en nuestra vida? No debemos recordarlo solamente en ocasiones especiales. Debemos recordar su ejemplo todos los días y permitir que transforme nuestro comportamiento.
El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) quería proteger a su comunidad del mal
La preocupación del Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) no se limitaba a la vida espiritual; también se preocupaba por el bienestar cotidiano de las personas. Les enseñó cómo adorar a Allâh, cómo construir familias saludables, cómo educar a los hijos, cómo tratar a los vecinos y cómo proteger los derechos de los débiles. Su enseñanza se caracterizaba por la misericordia y la consideración de las circunstancias de cada persona. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Facilitad las cosas y no las dificultéis; dad buenas noticias y no alejéis a la gente” [Al-Bujari y Muslim].
¡Qué enseñanza tan necesaria para nuestro tiempo! A veces, en lugar de acercar a las personas al Islam, nuestras palabras duras, nuestras actitudes arrogantes y nuestros juicios precipitados pueden alejarlas. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) nos enseñó que la verdad debe transmitirse con sabiduría y que la firmeza en la religión no justifica la crueldad ni los malos modales. También dijo: “Quien no tiene misericordia, no recibirá misericordia” [Al-Bujari y Muslim].
Por lo tanto, si afirmamos amar al Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), nuestra misericordia debe manifestarse en nuestras relaciones. La mejor prueba de nuestro amor es que nuestras vidas reflejen su noble carácter.
El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) anhelaba encontrarse con los creyentes que vendrían después de él
Existe otro relato que nos permite comprender la profundidad del amor de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) por quienes formarían parte de su comunidad en generaciones posteriores.
El Imam Muslim transmite que el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Desearía haber visto a mis hermanos”. Los compañeros preguntaron: “¿Acaso no somos nosotros tus hermanos, ¡Oh Mensajero de Allâh!?”. Él respondió, explicando que ellos eran sus compañeros y que sus hermanos serían aquellos creyentes que todavía no habían llegado.
Pensemos en lo extraordinario de esta enseñanza. Nosotros no vivimos en Madinah durante su época. No nos sentamos a su lado ni escuchamos directamente su voz. Sin embargo, su mensaje llegó hasta nosotros. Aprendemos sus palabras, estudiamos su vida y tratamos de seguir su ejemplo. Por eso debemos preguntarnos ¿Estamos viviendo de una manera digna de quienes desean pertenecer a su comunidad? ¿Seguimos sus enseñanzas cuando el mundo nos invita a actuar de otra manera? Nuestro anhelo de estar cerca del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) debe impulsarnos a seguir su ejemplo, a fortalecer nuestra fe y a convertirnos en mejores personas.
¿Cómo podemos corresponder al amor del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam)?
El Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) se preocupó por nuestra guía y nos mostró el camino de la salvación. ¿Cómo podemos demostrarle nuestro amor?
Primero: Siguiendo su ejemplo. Allâh dice en el Sagrado Qur’ân: “Di: Si amáis a Allâh, seguidme, y Allâh os amará” [Sûrah Ali ‘Imrân (3), âyah 31]. La verdadera expresión del amor consiste en seguir el ejemplo de aquel a quien amamos.
Segundo: Enviando abundantes bendiciones sobre él. Allâh dice: “Ciertamente, Allâh y Sus ángeles bendicen al Profeta. ¡Oh, creyentes! Pedid bendiciones por él y saludadlo con el saludo de paz” [Sûrah Al-Ahzâb (33), âyah 56]. Digamos con frecuencia: “¡Oh Allâh! Concede Tu paz y Tus bendiciones a nuestro Profeta Muhammad” y hagámoslo especialmente los viernes.
Tercero: Educando a nuestros hijos en su amor. Enseñemos a nuestros hijos quién fue el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). Contémosles cómo trataba a los niños, cómo ayudaba a los necesitados y cómo perdonaba. No permitamos que su conocimiento se limite a saber su nombre o fecha de nacimiento.
Cuarto: Sirviendo a la comunidad. Amar al Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) significa servir a las personas: ayudar al necesitado, acompañar al enfermo, cuidar al huérfano y proteger los derechos de los demás.
Quinto: Suplicando por el bienestar de la comunidad. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) deseaba la guía y la salvación de su comunidad. Nosotros también debemos pedir a Allâh que guíe a nuestros jóvenes, fortalezca nuestros hogares y alivie el sufrimiento de los musulmanes.
La importancia de su ejemplo en el mundo actual
Vivimos en una época en la que muchas personas se encuentran absorbidas por las preocupaciones materiales y las distracciones. En estas circunstancias, necesitamos volver a estudiar la vida del Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). Cuando nuestros hijos se alejen de la religión, recordemos su paciencia al enseñar. Cuando surjan conflictos familiares, recordemos su misericordia. Cuando atravesemos dificultades, recordemos su perseverancia.
Nuestra comunidad no necesita únicamente discursos sobre el amor al Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam); necesita hombres y mujeres que vivan su ejemplo en sus hogares, sus escuelas, sus mezquitas y sus lugares de trabajo. Que cuando las personas nos vean, encuentren honestidad en nuestras palabras, misericordia en nuestros corazones, justicia en nuestras decisiones y bondad en nuestras acciones.
Queridos hermanos y hermanas: El Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) amó a su comunidad, se preocupó por su guía, suplicó por su bienestar y le enseñó el camino que conduce a Allâh. ¿Cómo podemos responder a ese amor? Amándolo sinceramente, siguiendo su ejemplo, fortaleciendo nuestra fe y mostrando misericordia a quienes nos rodean.
Antes de concluir, hagámonos una pregunta importante: Si las personas observaran nuestra manera de vivir, ¿podrían reconocer en nosotros las enseñanzas del Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam)? Que nuestra respuesta no se limite a las palabras, sino que se manifieste en nuestras acciones.
¡Oh Allâh! Te pedimos Tu amor, el amor de Tu Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y el amor de todas las acciones que nos acerquen a Tu complacencia. ¡Oh Allâh! Concédenos seguir su ejemplo, imitar su noble carácter, mantenernos firmes en su guía y reunirnos con él en el Día del Juicio. ¡Oh Allâh! Mejora la situación de los musulmanes, guía a sus jóvenes, protege a sus hijos e hijas, une sus corazones, fortalece a los débiles y alivia el sufrimiento de quienes padecen dificultades. ¡Oh Allâh! Haz que seamos de aquellos que escuchan el buen consejo y siguen lo mejor de él. Haz que nuestro comportamiento sea una prueba sincera de nuestro amor por Tu Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). Que Allâh conceda paz, bendiciones y misericordia a nuestro Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), a su familia y a todos sus compañeros. Âmîn.
Was-salâmu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh
