Jutbah Semanal
Traducción al español de la Jutbah que se dicta en árabe desde el Mimbar de Mezquita As-Salam, cada viernes y en los Eid.
LAS VIRTUDES DEL COMERCIANTE VERAZ
- Viernes, 23 de octubre de 2026
- Ÿumu‘ah, 12 de Rabi'ul-Auwal de 1448
- Imâm: Sh. Almuthanna Soud Fajreldin
En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.
Hermanos y hermanas, dice Allah Altísimo en el sagrado Qur’an: “Oh, ¡creyentes!, teman a Allah y permanezcan con los veraces” [Sûrah At-Taubah, âyah 119]. También dice: “¡Creyentes! No consuman injustamente los bienes de los demás, sino mediante un comercio de mutuo acuerdo”. [Sûrah An-Nisâ, âyah 29].
Dijo nuestro querido Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam): “Si ambos dicen la verdad y aclaran lo relativo a la mercancía, su compraventa será bendecida; pero si ocultan y mienten, se borrará la bendición de su compraventa”. También dijo: “El comerciante que es Veraz y confiable, estará con los Profetas, los Siddiquîn, los mártires y los virtuosos”.
Respetados hermanos y hermanas: Hoy nuestra jutbah trata sobre algo que está presente en la vida de todos nosotros. Algunos tienen un negocio, otros venden productos, otros ofrecen servicios y otros trabajan para un empleador. Todos, de una forma u otra, recibimos dinero y tenemos responsabilidades hacia las personas. Por eso, todos necesitamos preguntarnos cómo estamos obteniendo nuestro “rizq”, nuestro sustento, y cuánto estamos cuidando los derechos de los demás.
Nuestro Dîn permite el comercio y reconoce el esfuerzo de quien busca un sustento lícito. Trabajar para mantener a nuestra familia, ofrecer algo útil y progresar de una manera honesta es algo digno. Pero debemos cuidar ese esfuerzo para que nuestra búsqueda del sustento sea una causa de bien y no una razón para presentarnos ante Allah con derechos ajenos pendientes.
Allah dice en el Quran: “¡Creyentes! No consuman injustamente los bienes de los demás, sino mediante un comercio de mutuo acuerdo”. [Sûrah An-Nisâ, âyah 29].
Esta âyah del capítulo “Las Mujeres” establece un principio que debemos llevar a cada negocio: el dinero de las personas tiene un valor y una inviolabilidad que debemos respetar. Que alguien quiera comprar no nos autoriza a engañarlo. Que confíe en nosotros aumenta de hecho nuestra responsabilidad de decirle la verdad.
El Mensajero de Allah (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo en un hadîth sahîh transmitido por Al-Bujari: “Si ambos dicen la verdad y aclaran lo relativo a la mercancía, su compraventa será bendecida; pero si ocultan y mienten, se borrará la bendición de su compraventa”.
Prestemos atención a estas palabras. Podemos cerrar una venta, recibir el dinero y quedar contentos y satisfechos con la ganancia, mientras hemos perdido la bendición de esa transacción por haber mentido o escondido algo.
Nosotros necesitamos la bendición de Allah en cada parte de nuestro sustento. Necesitamos que aquello que ganamos nos beneficie, que nos permita cumplir nuestras responsabilidades, ayudar a nuestras familias y vivir con tranquilidad de conciencia. Por eso, cuando conocemos un defecto, debemos decirlo. Cuando algo es usado, debemos aclararlo. Cuando un producto tiene una limitación, debemos explicarla, y cuando ofrecemos un servicio, debemos ser sinceros respecto de lo que podemos cumplir.
A veces una persona piensa “si digo toda la verdad, puede que el cliente no compre”. Sí, puede ocurrir. Pero precisamente en ese momento es donde se pone a prueba nuestra honestidad. Cuando decir la verdad puede costarnos algunas monedas o incluso un margen que parece importante, necesitamos recordar cuánto vale para nosotros la complacencia de Allah.
Abu Hurairah (radiallâhu ‘anhu) narró que el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), pasó junto a un montón de alimentos que estaban a la venta. Introdujo su mano y encontró humedad en el interior. Al preguntar al vendedor, este explicó que la lluvia lo había mojado. Entonces el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) le dijo: “¿Por qué no pusiste lo húmedo encima para que la gente lo viera? Quien engaña no es de los míos”.
En esta historia, el vendedor tenía una explicación para la humedad. Sin embargo, debía permitir que el comprador la viera. Había una información que la otra persona necesitaba conocer, y esconderla era un engaño.
Pensemos en nuestras propias transacciones. ¿Estamos mostrando eso que el cliente necesita saber? ¿Estamos describiendo el producto tal como es? ¿Estamos prometiendo resultados que realmente podemos ofrecer? ¿Estamos cumpliendo con la calidad, la cantidad y los plazos que acordamos?
Esto también se aplica a las ventas por internet, las ventas en línea y a través de los mercados virtuales. Las fotografías, las descripciones de los productos y los mensajes forman parte de lo que estamos ofreciendo. Debemos cuidar que representen con honestidad aquello que la persona va a recibir.
Allah nos advierte en una Sûrah llamada en español “Los Defraudadores”: “¡Ay de quienes defraudan en la medida! Aquellos que, cuando reciben de los demás, exigen la medida completa, pero cuando miden o pesan para ellos, les dan menos. ¿Acaso no piensan que serán resucitados?” [Sûrah Al-Mutaffifîn, âyât 1 a 4].
Qué necesario es este recordatorio. Queremos que nos paguen lo acordado, que nos entreguen lo que compramos y que respeten nuestro tiempo. Debemos tener ese mismo cuidado cuando los derechos pertenecen a otra persona.
Allah nos recuerda el día de la resurrección porque llegará el día en que tendremos que responder por nuestras acciones. Una cantidad pequeña para nosotros puede ser importante para quien la perdió. Un defecto que preferimos callar puede causar un perjuicio que nunca llegamos a ver.
Junto con la sinceridad, el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) nos enseñó a tener buen carácter en los negocios. Dijo: “Que Allah tenga misericordia de quien es tolerante cuando vende, cuando compra y cuando reclama lo que se le debe”.
Qué hermosa súplica de parte de nuestro Profeta para quien trata bien a las personas. Podemos cobrar nuestros derechos con respeto, responder las consultas con paciencia y escuchar un reclamo sin humillar al cliente. Quien compra también debe ser justo y respetar el esfuerzo del vendedor.
El Mensajero de Allah (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) también advirtió: “El juramento hace que la mercancía se venda, pero borra la bendición”.
Cuidemos, entonces, el nombre de Allah. No lo utilicemos constantemente para convencer a las personas de comprar. Acostumbrémonos a hablar con claridad y a sostener nuestras palabras con una conducta confiable.
Queridos hermanos, mientras buscamos nuestro sustento, también debemos cuidar nuestra relación con Allah. En Sûrah An-Nûr Allah elogia a hombres a quienes ni el comercio ni la compraventa distraen de Su recuerdo, de establecer la oración y de entregar el zakat. Hombres que temen un día en que los corazones y las miradas se estremecerán.
Estos hombres tenían ocupaciones y negocios, pero no descuidaban sus obligaciones. Que Allah nos conceda esa conciencia. Que sepamos organizarnos para rezar, cumplir con el zakat cuando corresponde y mantenernos dentro de lo permitido, incluso cuando aparezca una oportunidad de ganar más.
Si hemos cometido errores, aprovechemos este recordatorio para corregirlos. Si debemos dinero, devolvámoslo. Si engañamos a alguien, procuremos reparar el daño. Si prometimos algo que no podremos cumplir, hablemos con sinceridad y busquemos una solución justa.
La confianza de las personas es una responsabilidad. Cuando alguien nos compra porque sabe que somos musulmanes, o porque nos conoce de la mezquita, debemos cuidar especialmente esa confianza. Nuestra conducta puede acercar a esa persona a conocer la belleza del Islam…o la puede alejar por completo.
Hermanos y hermanas: rogamos a Allah Altísimo que nos guíe, nos proteja, nos dé un sustento lícito, bendecido y abundante y nos colme de bendiciones en esta vida y en la otra. Âmîn.
Was-salâmu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh
