Bilal (ra), ejemplo de piedad y resiliencia

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Bilâl Ibn Rabah (radiallâhu ‘anhu) era un esclavo negro, casi seguramente hijo de esclavos, y se cree que era de Abisinia (la actual Etiopía). Habiendo nacido en la servidumbre, probablemente nunca esperó que la vida le ofreciera algo distinto a trabajo duro, dolor y jornadas extenuantes. Sin embargo, Bilâl (radiallâhu ‘anhu) vivió en una época trascendental. Era esclavo en Makkah cuando el Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) comenzó a llamar a la gente a adorar a Allâh y su mensaje era para toda la humanidad.

Cuando una persona es pobre o indigente, está hambrienta o temerosa, o golpeada y magullada, un mensaje imbuido de los conceptos de misericordia, perdón y justicia es muy atractivo. Los menos favorecidos fueron la clase de gente que estuvo al lado del Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), impacientes por hallar alivio en sus palabras y sus obras. Bilâl (radiallâhu ‘anhu) aceptó el menaje con todo su corazón. La vida para Bilâl (radiallâhu ‘anhu) estaba a punto de empeorar significativamente. Como un náufrago sosteniendo la cuerda que lo llevará a la seguridad, Bilâl (radiallâhu ‘anhu) se aferró a las palabras del Qurân y eso fue esencial para que salvara su vida.

Bilâl (radiallâhu ‘anhu) escuchó el mensaje de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), pero también escuchó las palabras de su amo. Umayya Ibn Jalaf, un hombre rico de Makkah, quien estaba preocupado de que su medio de sustento, que giraba alrededor de la adoración de los ídolos, se viera interrumpido por el mensaje de Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). Habló con los demás afectados acerca de los cambios para el paisaje político y religioso de Makkah, diciéndoles: “Muhammad nunca fue un mentiroso, un mago ni un loco, pero tenemos que describirlo así hasta que alejemos de él a quienes corren hacia su religión”.

Según el biógrafo Ibn Ishâq y otros, Bilâl (radiallâhu ‘anhu) sufrió terriblemente por su aceptación inmediata del mensaje del Islam. Se dice que lo golpearon sin misericordia, lo arrastraron por las calles y colinas de Makkah amarrado del cuello, y lo sometieron a largos períodos sin alimento ni agua. Está registrado que su amo, Umayya Ibn Jalaf “lo sacó en el momento más caliente del día y lo lanzó sobre su espalda en el valle abierto, luego le puso una gran roca sobre su pecho y le dijo: “Te quedarás aquí hasta que mueras o reniegues de Muhammad y adores a Al-Lat y Al Uzza”. Bilâl (radiallâhu ‘anhu) no renunció al Islam, y en medio de su sufrimiento, solo pronunciaba repetidamente una única palabra: “¡Âhad… Âhad…!” queriendo decir “¡Un Dios… un Dios…!”.

Las noticias del esclavo que gritó “¡Un Dios…!” incluso en medio de la tortura, alcanzaron pronto a Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y sus compañeros. Abû Bakr (radiallâhu ‘anhu), su amigo más cercano, un comerciante rico, igual en estatus a Umayya, fue enviado a investigar. Encontró el campo abierto donde Bilâl (radiallâhu ‘anhu) estaba siendo torturado por diversión. Abû Bakr (radiallâhu ‘anhu) no perdió el control, ya que no era ese su estilo, pero protestó contra los torturadores. Le dijo a Umayya: “¿Es que no temes a Allâh por tratar así a este hombre?” Él contestó: “¡Tú eres el que lo corrompió, así que sálvalo de su aprieto!”. Abû Bakr (radiallâhu ‘anhu) dijo: “Entonces véndemelo; dime, ¿cuál es tu precio?”. Umaya era un hombre de negocios y no podía dejar de obtener una ganancia, así que vendió a Bilâl (radiallâhu ‘anhu) por un buen precio. Para humillar a Bilâl (radiallâhu ‘anhu), agregó: “Te lo habría vendido, aunque me hubieras ofrecido solo un gramo de oro”. Abû Bakr (radiallâhu ‘anhu) respondió: “Te lo habría comprado, aunque me hubieras pedido cien gramos”.

Bilâl (radiallâhu ‘anhu) fue cuidado y atendido hasta que recuperó la salud. Después de su recuperación fue llevado con el Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), y permaneció a su lado dando apoyo y llamando a los demás al Islam. En la época de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) la esclavitud existía en todo el mundo como una institución firmemente arraigada. Las leyes del Islam procuraron emancipar a los esclavos; Allâh Altísimo dice en el Qurân que la expiación para muchos pecados es liberar a un esclavo, y esto es considerado un acto piadoso.

Bilâl (radiallâhu ‘anhu) amó estar en la compañía del Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y se hizo excepcionalmente cercano a él. Varios ahâdîth mencionan a Bilâl (radiallâhu ‘anhu) teniendo el honor de despertar al Nabî (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) cada mañana y pasar el mayor tiempo posible en su compañía. La historia de Bilâl (radiallâhu ‘anhu) a menudo se utiliza para demostrar la importancia del pluralismo y la igualdad racial en el Islam. Más importante aún, su historia es un ejemplo de que la medida del hombre es la piedad y no la raza, la etnia ni el estatus social.

La aceptación del Islam por parte de Bilal Ibn Rabah (radiallâhu ‘anhu) es una historia poderosa que involucra esclavitud, conversión, tortura y rescate. Toca aspectos del racismo, es una lección sobre el pluralismo, y nos enseña que la piedad es la única medida del valor de una persona.

La historia de Bilâl (radiallâhu ‘anhu) es también la historia del Adhân o el llamado a la oración, pues Bilâl (radiallâhu ‘anhu) fue el primer muâdh-dhin del Islam. Uno de los símbolos más conmovedores del Islam alrededor del mundo, es la llamada melodiosa a la oración. Su sonido sublime resuena a través de ciudades y valles, en playas y en campos fértiles, así como en desiertos. Una vez se lo escucha, el Adhân nunca es olvidado, y mucha gente ha entrado a la religión del Islam solo por escuchar este conmovedor sonido. Adhân, que significa “anuncio”, es mencionado solo una vez en el Qurân, y sin embargo es parte integral de la vida del musulmán. Para los nacidos en el Islam, el Adhân es a menudo el primer sonido que escuchan. Inmediatamente después de nacer, el padre o algún musulmán importante en la vida del niño, sostiene al recién nacido y susurra las palabras del Adhan en su oído derecho. Bilâl (radiallâhu ‘anhu), debido a su poderosa y hermosa voz, tuvo el honor de ser el primer hombre en el mundo en hacer el Adhan y llamar a los creyentes al salâh. Dice Allâh en el Qurân: “¡Vosotros que creéis! Cuando se llame a la oración del Viernes, acudid con prontitud al recuerdo de Allah y dejad toda compraventa; eso es mejor para vosotros si sabéis” [Sûrah Al-Ÿumu‘ah (62), âyah 9].

En el año 622, Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), Bilâl (radiallâhu ‘anhu) y la mayor parte de llos sahâbah (radiallâhu ‘anhum) emigraron a Madinah Al-Munawara. Fue allí donde el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) comenzó el trabajo de establecer la nación musulmana. Bilâl (radiallâhu ‘anhu) estaba a su lado siempre que era posible. Un comentarista señaló: “Cada evento en la vida de Nabî Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) fue un evento en la vida de Bilâl (radiallâhu ‘anhu)”. Se dice que Bilâl (radiallâhu ‘anhu) era tan cercano a Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) que lo despertaba por las mañanas para la oración, trayéndole agua para hacer wudû.

Según tradiciones auténticas, el Profeta Muhammad estaba preocupado y ansioso por hallar una forma de convocar a los musulmanes a la oración. Él quería algo que fuera único. Fue entonces que Abdullah Bin Zaid, uno de los compañeros, le informó al Profeta acerca de un sueño que tuvo. En dicho sueño escuchó: “Allâhu akbar, Allâhu akbar (…)” hasta el final del Adhân que conocemos. El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) escuchó la descripción del sueño y dijo: “Ese es un sueño auténtico. Ve con Bilal y cuéntale lo que has visto, enséñale las palabras de modo que pueda hacer el llamado, porque él tiene una voz hermosa”. Así que fui con Bilal (radiallâhu ‘anhu) y le conté mi sueño, entonces él hizo el llamado a la oración. ‘Umar Ibn Al-Jattab (radiallâhu ‘anhu) escuchó el llamado mientras estaba en su casa y corrió arrastrando su capa tras él, diciendo: “Por Aquel que te envió con la verdad, Oh Rasulullâh, he visto el mismo sueño”. El Mensajero de Allâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) se alegró y dijo: “¡Alhamdulillâh!”.

Durante la década posterior a la emigración, Bilâl (radiallâhu ‘anhu) acompañó al Nabî (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) en todas sus expediciones militares y tenía el honor de llevar la lanza del Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). Luchó en la Batalla de Badr, y en la refriega mató a su antiguo amo, Umayya Ibn Jalaf. Bilâl (radiallâhu ‘anhu) también estuvo presente en la batalla de Uhud y en la batalla de La Trinchera.

La vida de Bilâl (radiallâhu ‘anhu) después de su conversión al Islam contiene muchos momentos de gran alegría, sin embargo, su hora más feliz debió ser en una ocasión considerada como uno de los momentos más sagrados en la historia del Islam. Después de que los sahâbah conquistaron Makkah, Bilâl (radiallâhu ‘anhu) subió a lo alto de la Ka’bah para llamar a los creyentes a la oración. Fue la primera vez que se hizo el Adhân para levantar a la oración en Makkah Al-Mukarramah.

Después de la muerte del Profeta Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), Bilâl (radiallâhu ‘anhu) nunca se sintió el mismo otra vez. Un día después de la muerte del Profeta, Bilâl (radiallâhu ‘anhu) fue a hacer el Adhân habitual para la oración de la mañana. Mientras hacía el llamado, se quebrantó en sollozos y gruesas lágrimas comenzaron a bañar sus mejillas. Logró terminar el resto del Adhân en voz baja. Después de eso, Bilâl (radiallâhu ‘anhu) dejó de hacer el Adhân en Madinah.

Los recuerdos en Madinah eran muy dolorosos para él, así que se fue a otro lugar. Más tarde, después de su visita a Madinah por invitación de los nietos de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), accedió a hacer el Adhân. Los viejos recuerdos revivieron desde lo profundo de su corazón, y aquellos que habían experimentado los días dorados con su querido Nabî (sallallâhu ‘alaihi wa sallam), no pudieron contener las lágrimas.

Pasaron los años y Bilâl (radiallâhu ‘anhu) llegó cerca del final de su vida. En su lecho de muerte, su esposa Hind gritó “Wa Hazana”, “¡Qué dolor tan grande!”. A esto Bilâl (radiallâhu ‘anhu) respondió lo contrario: “Wa Tarabaaaa”, “¡Qué gran alegría!” “Mañana me reuniré con mis seres queridos: Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) y sus compañeros”. Se cree que Bilâl (radiallâhu ‘anhu) murió en Siria entre el 638 y el 642 cuando tenía apenas sesenta años de edad. Hay quienes opinan que murió en Medina, sin embargo, de lo que podemos estar seguros, es que su lugar eterno será el Ÿannah, ya que Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) llamó a Bilal (radiallâhu ‘anhu) “Un hombre del Ÿannah”.

Quiera Allâh darnos el Taufîq de entender, valorar y apreciar estas valiosas enseñanzas e introducir en nuestros corazones el amor y admiración por los nobles compañeros de Rasûlullâh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). Âmîn.

Wassalamu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakatuh

About The Author

Leave a Comment

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

0:00
0:00
Scroll to Top