Jutbah Semanal

Traducción al español de la Jutbah que se dicta en árabe desde el Mimbar de Mezquita As-Salam, cada viernes y en los Eid.

LA RELACIÓN DEL CREYENTE CON EL QURÂN

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

Una de las mayores bendiciones que Allah ha concedido a esta Ummah es el Sagrado Qurân.

El Qurân no es solamente un libro que conservamos en nuestras casas, ni un texto que recitamos en determinadas ocasiones. Es la Palabra de Allah, enviada para guiarnos, corregirnos, purificar nuestros corazones y mostrarnos el camino que conduce a Su complacencia.

Allah Ta‘ala dice: «Ciertamente, este Qurân guía hacia lo que es más recto» (Qurân 17:9) Por eso, cada creyente debería preguntarse: ¿Cuál es mi relación con el Qurân? ¿Lo recito solamente de vez en cuando? ¿Lo abro únicamente en Ramadán? ¿Lo escucho, pero sin reflexionar sobre lo que Allah me está diciendo? ¿O el Qurân verdaderamente ocupa un lugar central en mi vida?

EL QURÂN ES UNA GUÍA PARA NUESTRA VIDA

Allah describe Su Libro diciendo: «Este es el Libro sobre el cual no hay duda; es una guía para los temerosos de Allah» (Qurân 2:2)

El Qurân fue revelado para guiarnos. Nos enseña cómo adorar a Allah, cómo tratar a nuestros padres, cómo comportarnos con nuestra familia, cómo criar a nuestros hijos, cómo relacionarnos con nuestros vecinos, cómo ganar y gastar nuestro dinero, cómo controlar nuestra lengua, cómo perdonar y cómo enfrentar las dificultades de esta vida.

Por eso, nuestra relación con el Qurân no puede limitarse solamente a su recitación. Recitarlo es una gran ‘ibâdah y tiene una enorme recompensa. Pero debemos avanzar un paso más: debemos permitir que el Qurân transforme nuestra vida.

Allah dice: «Este es un Libro bendito que te hemos revelado para que reflexionen sobre sus aleyas y para que recapaciten quienes poseen entendimiento» (Qurân 38:29)

Allah no dice solamente que fue revelado para ser recitado. Nos llama también a reflexionar sobre sus aleyas.

Cuando leemos una orden de Allah, debemos preguntarnos: ¿Estoy cumpliendo esta orden? Cuando encontramos una prohibición: ¿Hay algo de esto en mi vida? Cuando leemos acerca del Paraíso: ¿Estoy realizando las obras que conducen hacia él? Cuando leemos acerca del castigo: ¿Estoy alejándome de aquello que provoca la ira de Allah? Esta es una relación viva con el Qurân.

EL QURÂN ES VIDA PARA EL CORAZÓN

Así como nuestro cuerpo necesita alimento, nuestro corazón también necesita alimento. Podemos alimentar nuestro cuerpo todos los días y, sin embargo, permitir que nuestro corazón permanezca durante días o semanas sin recibir el alimento de la Palabra de Allah.

Allah Ta‘ala dice: «¿Acaso no ha llegado el momento para quienes creen de que sus corazones se humillen ante el recuerdo de Allah y ante la verdad que ha sido revelada?» (Qurân 57:16)

El creyente debe acercarse al Qurân con un corazón dispuesto a recibir. A veces una persona puede leer muchas páginas, pero su corazón permanece distraído. Otra persona puede detenerse ante una sola aleya, reflexionar profundamente sobre ella y cambiar su vida.

Nuestros piadosos antecesores entendieron esto. Ellos no tenían como único objetivo terminar rápidamente la recitación del Qurân. Querían comprender qué les estaba diciendo Allah y llevarlo a la práctica.

El Qurân debe producir cambios en nosotros. Si recitamos sobre la paciencia, debemos esforzarnos por ser pacientes. Si recitamos sobre el perdón, debemos aprender a perdonar. Si recitamos sobre la misericordia, debemos ser misericordiosos. Si recitamos sobre controlar la lengua, debemos cuidar nuestras palabras. Si recitamos sobre la oración, debemos cuidar nuestro salâh. Si recitamos sobre nuestros padres, debemos revisar cómo los tratamos.

El verdadero efecto del Qurân se manifiesta en nuestra conducta.

RECITAR EL QURÂN REGULARMENTE

Queridos hermanos y hermanas: Para desarrollar una verdadera relación con el Qurân necesitamos constancia. No necesitamos comenzar leyendo grandes cantidades. Es mejor leer una cantidad pequeña todos los días que leer mucho una vez y después abandonar el Qurân durante semanas.

El Mensajero de Allah (sallallahu ‘alaihi wa sallam) dijo: «Las obras más amadas por Allah son aquellas que se realizan con constancia, aunque sean pocas» (Bujari y Muslim)

Por eso, debemos establecer un momento diario para el Qurân. Después del Fajr, antes de comenzar nuestro trabajo, después de alguna oración, por la noche o en cualquier momento que podamos mantener regularmente. Cinco minutos. Diez minutos. Una página. Dos páginas. Lo importante es que no pase un día sin que tengamos algún contacto con la Palabra de Allah.

El Profeta (sallallahu ‘alaihi wa sallam) dijo: «Quien recita una letra del Libro de Allah tendrá por ella una buena acción, y cada buena acción será multiplicada por diez» (Tirmîdhî) Luego explicó que Alif-Lam-Mim no constituye una sola letra, sino que Alif es una letra, Lam es una letra y Mim es una letra.

¡Cuánta misericordia de Allah! Cada letra que pronunciamos puede convertirse en recompensa para nuestra Âjirah.

APRENDER Y ENSEÑAR EL QURÂN

Nuestra responsabilidad tampoco termina en nosotros mismos. Debemos transmitir el amor por el Qurân a nuestros hijos y a nuestras familias. El Profeta Muhammad (sallallahu ‘alaihi wa sallam) dijo: «Los mejores de ustedes son aquellos que aprenden el Qurân y lo enseñan» (Bujari)

Debemos preguntarnos qué lugar ocupa el Qurân dentro de nuestros hogares. Nuestros hijos pueden pasar horas frente a pantallas, teléfonos, juegos y redes sociales. Están expuestos continuamente a palabras, imágenes e ideas provenientes de todas partes.

Por eso debemos hacer un esfuerzo especial para que también desarrollen una relación cercana y afectuosa con el Libro de Allah. Que escuchen el Qurân. Que aprendan a recitarlo. Que memoricen sus suras. Que comprendan gradualmente su significado. Y, sobre todo, que vean el Qurân reflejado en la conducta de sus padres.

No podemos enseñar a nuestros hijos a respetar el Qurân solamente diciéndoles que no lo pongan en el suelo o que lo guarden en un lugar elevado. El mayor respeto hacia el Qurân es vivir de acuerdo con sus enseñanzas.

NO ABANDONEMOS EL QURÂN

Hay una aleya que debería hacernos reflexionar profundamente. Allah Ta‘ala relata que el Mensajero dirá: «¡Señor mío! Ciertamente, mi pueblo tomó este Qurân como algo abandonado» (Qurân 25:30)

Que Allah nos proteja de encontrarnos entre aquellos que abandonaron Su Libro. Abandonar el Qurân puede manifestarse de diferentes maneras. Podemos abandonarlo dejando de recitarlo. Podemos abandonarlo dejando de escucharlo. Podemos abandonarlo sin intentar comprenderlo. Y podemos abandonarlo cuando conocemos sus enseñanzas, pero no las llevamos a nuestra vida.

Por eso debemos preguntarnos sinceramente: ¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que abrí el Qurân simplemente porque quería escuchar lo que Allah tiene para decirme? No porque alguien me obligó. No porque llegó Ramadán. No porque había una ceremonia. Sino simplemente porque mi corazón necesitaba la Palabra de Allah.

EL QURÂN INTERCEDERÁ POR QUIEN LO ACOMPAÑÓ

Nuestra relación con el Qurân no termina con nuestra muerte. El Mensajero de Allah (sallallahu ‘alaihi wa sallam) dijo: «Reciten el Qurân, porque el Día de la Resurrección vendrá como intercesor por quienes lo recitaban» (Muslim)

Llegará un día en que estaremos solos frente a Allah. Ese día nuestro dinero habrá quedado atrás. Nuestras propiedades habrán quedado atrás. Nuestros cargos y reconocimientos habrán quedado atrás. Pero las buenas acciones que realizamos por Allah estarán con nosotros. Y entre ellas estará nuestra relación con Su Libro. Cada aleya que aprendimos. Cada letra que recitamos. Cada enseñanza que pusimos en práctica. Cada momento que dedicamos a enseñar el Qurân a nuestros hijos. Todo eso puede convertirse, por la misericordia de Allah, en luz y recompensa para nuestra Akhirah.

QUE EL QURÂN SEA NUESTRO COMPAÑERO

Queridos hermanos y hermanas: No esperemos a Ramadán para volver al Qurân. No esperemos a tener problemas para buscar consuelo en él. No esperemos a envejecer para comenzar a estudiarlo. Comencemos hoy. Aunque sea con una página. Aunque nuestra recitación todavía tenga errores. Aunque comprendamos poco. Comencemos y pidamos a Allah que nos abra las puertas de Su Libro.

Hagamos del Qurân nuestro compañero en los momentos de tranquilidad y en los momentos de dificultad. Recitémoslo. Escuchémoslo. Aprendámoslo. Enseñémoslo. Reflexionemos sobre él. Y, sobre todo, vivamos de acuerdo con él. Porque llegará el día en que cerraremos el Qurân por última vez en esta vida. Llegará el día en que nuestros ojos ya no podrán leer sus aleyas y nuestra lengua ya no podrá recitar sus palabras.

Por eso, mientras Allah nos conceda vida, hagamos del Qurân una parte inseparable de nuestros días. Pidamos a Allah Ta‘ala que haga del Qurân la primavera de nuestros corazones, la luz de nuestros pechos, la guía de nuestras vidas y una intercesión para nosotros en el Día del Juicio.

Que Allah nos haga de aquellos que recitan el Qurân, lo comprenden, reflexionan sobre él y viven según sus enseñanzas. Que Allah llene nuestros hogares con la recitación del Qurân. Que haga que nuestros hijos e hijas crezcan amando Su Libro. Que nos conceda comprenderlo correctamente y ponerlo en práctica con sinceridad. Y que el Qurân sea una prueba a nuestro favor y no una prueba en nuestra contra en el Día en que comparezcamos ante Él. Âmîn.

Was-salâmu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh

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