Jutbah Semanal

Traducción al español de la Jutbah que se dicta en árabe desde el Mimbar de Mezquita As-Salam, cada viernes y en los Eid.

CUANDO EL HOGAR SE VUELVE EL VERDADERO ESPEJO DE NUESTRA FE

En el Nombre de Allâh, Misericordioso, Compasivo. Alabado sea Allâh por habernos traído al Camino Recto, honrado con el Islam y guiarnos a la fe. Sus bendiciones sean con el sello de los Mensajeros y Profetas, quien transmitió el Mensaje y cumplió con lo que Allâh le encomendó, hasta que lo alcanzó la muerte por Su orden. Que las bendiciones y la paz de Allâh sean con él, su virtuosa familia y sus distinguidos compañeros.

A veces las personas nos conocen de una manera muy distinta a como nos conoce nuestra familia. Tus hermanos en la mezquita te ven sonriendo y dicen: “Qué buena persona”. Tus compañeros de trabajo dicen: “Qué tranquilo, qué educado”. Tus amigos dicen: “Qué generoso”. Pero hay una pregunta mucho más difícil: ¿Quién eres cuando se cierra la puerta de tu casa? ¿Quién eres con la persona que ha visto tus defectos, tus días difíciles, tus preocupaciones y tus debilidades?

Porque es fácil tener buen carácter con alguien a quien vemos cinco minutos. El verdadero carácter aparece con aquella persona con quien compartimos cinco, diez, veinte o treinta años. Y precisamente allí Allah nos dice: “Y convivan con ellas de buena manera.” [Sûrah An-Nisâ, 4:19]

Allah no dijo simplemente aliméntenlas, denles una casa o cumplan económicamente con ellas. Dijo: convivan con ellas de buena manera. Eso significa que debe haber ma‘rûf (todo aquello que es bueno, correcto, digno y reconocido como un trato honorable) en nuestras palabras, en nuestras miradas, en la manera en que discutimos, en la manera en que perdonamos, incluso en la manera en que manejamos nuestras diferencias.

Después, en la misma āyah, Allah dice algo extraordinariamente realista: “Y si algo de ellas les desagrada, puede ser que les desagrade algo en lo que Allah haya puesto mucho bien” [Sûrah An-Nisâ, 4:19] Porque Allah nunca nos prometió un matrimonio entre dos seres humanos perfectos. Llegarán días difíciles. Habrá cansancio. Enfermedades. Problemas económicos. Niños llorando. Responsabilidades. Habrá cosas de ella que no te gustarán y cosas de ti que tampoco le gustarán a ella.

El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dijo: “Que un creyente no deteste a una creyente; si le desagrada una cualidad de ella, estará complacido con otra” [Muslim] No conviertas un error en una goma de borrar con la que eliminas veinte años de cosas buenas. El matrimonio tampoco es un tribunal donde cada uno acumula pruebas contra el otro.

El matrimonio es un barco

Si haces un agujero en el barco para hundir a tu esposa, recuerda que tú también estás dentro del barco. Y si destruyes la imagen de tu esposo delante de tus hijos, no pienses que ellos saldrán intactos de esos escombros.

El matrimonio en la época de Instagram

Vivimos además en una época particularmente peligrosa para las relaciones. Un hombre mira una pantalla y compara a la mujer que aparece allí con su esposa. Una mujer ve en Instagram una pareja aparentemente perfecta y pregunta: “¿Por qué mi matrimonio no es así?” Pero olvidamos algo: La gente publica un momento. Tú lo estás comparando con una vida entera. No compares a tu esposa con una fotografía editada Y no compares a tu esposo con un video de treinta segundos.

Las personas de las redes sociales no te muestran las discusiones, las lágrimas, las deudas, el cansancio ni los problemas que existen cuando la cámara se apaga. No vivimos con seres humanos perfectos. Vivimos con personas cuyos defectos cubrimos, mientras ellas cubren los nuestros. Y si queremos saber cómo debe ser un esposo, no tenemos que inventar un modelo. Tenemos a Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). Él dijo: “Los mejores de ustedes son los mejores con sus familias, y yo soy el mejor de ustedes con mi familia” [At-Tirmidhî]

Fíjense en algo. No dijo: “El mejor es aquel que más personas conocen”. No dijo: “El mejor es aquel que habla mejor”. No dijo: “El mejor es aquel que impresiona a la gente”.

El mejor es quien es mejor con su familia

Le preguntaron a ‘Â’ishah (radiallâhu ‘anhâ) qué hacía el Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) dentro de su casa. Respondió que servía y ayudaba a su familia, y cuando llegaba el momento de la oración, salía a rezar. [Al-Bukhârî]

¡Rasūlullāh (sallallâhu ‘alaihi wa sallam)! El líder de una Ummah. El Mensajero de Allah. Y ayudaba en su hogar.

Entonces tenemos que preguntarnos: ¿Dónde está esta Sunnah en nuestras casas? A veces reducimos la Sunnah a cómo nos vestimos, cómo comemos o a ciertas apariencias externas. Todo eso tiene su lugar. Pero la Sunnah también es cómo hablas con tu esposa cuando estás enojado.

La Sunnah es ayudar. La Sunnah es sonreír. La Sunnah es jugar y bromear con tu familia. La Sunnah es hacer que tu esposa se sienta segura contigo.

El Profeta (sallallâhu ‘alaihi wa sallam) incluso competía corriendo con ‘Â’ishah (radiallâhu ‘anhâ). Una vez ella le ganó y, años después, cuando él le ganó, le dijo sonriendo: “Esta es por aquella carrera” [Sunan Abû Dâwûd]

Ese era Muhammad (sallallâhu ‘alaihi wa sallam). Por eso, hermanos, la masculinidad no consiste en conseguir que una mujer te tenga miedo. La verdadera fortaleza consiste en conseguir que se sienta segura a tu lado.

Hay hogares que desde afuera parecen preciosos, pero detrás de sus puertas hay corazones sangrando. Hay una mujer que no necesita un palacio de su esposo. Quizás solamente necesita escuchar: Yazâkillâhu khairan. Gracias por todo lo que haces por nuestra familia.

Y hay un hombre que sale cada mañana cargando responsabilidades, cuentas, deudas y preocupaciones, y quizás lo único que desea al volver es sentir que su hogar es un lugar de descanso, no otro campo de batalla.

Este mensaje no es contra los hombres. Tampoco es contra las mujeres. Es contra la injusticia, la frialdad y el orgullo que entran en nuestros hogares y les roban la tranquilidad. Y pensemos en algo: En el trabajo alguien comete un error y decimos: “No te preocupes”. Nuestro amigo se equivoca y decimos: “No pasa nada”.

Pero llegamos a casa, nuestra esposa comete un pequeño error y explotamos. Entonces debemos preguntarnos: ¿Por qué entregamos nuestra mejor versión a los extraños y llevamos las sobras de nuestro carácter a nuestra propia familia?

Y esto también se aplica a la esposa. No puede ser que la voz más dulce sea para las amigas, mientras el esposo recibe solamente quejas, comparaciones y críticas. Hoy incluso encontramos esposos acostados en la misma cama… pero sus corazones están a miles de kilómetros. Cada uno mirando su teléfono. Sabemos qué está haciendo una persona al otro lado del mundo, pero no sabemos qué está lastimando al ser humano que está sentado a nuestro lado. A veces necesitamos cerrar el teléfono… y abrir el corazón. Hablen. Escuchen. Pidan perdón. Digan: “Me equivoqué.” Ningún hombre pierde su masculinidad por decirle a su esposa: “Perdóname.” Y ninguna mujer pierde su dignidad por decir: “Me equivoqué contigo.” Una disculpa sincera puede apagar un fuego que Shaytân lleva años alimentando.

Allah describe el matrimonio diciendo: “Y entre Sus signos está que creó para ustedes parejas de entre ustedes mismos, para que encuentren tranquilidad en ellas, y puso entre ustedes amor y misericordia” [Sûrah Ar-Rûm, 30:21]

Qué expresión tan hermosa: “Para que encuentren tranquilidad.” Tu hogar no debería ser el lugar del que quieres escapar. Debería ser el lugar al que quieres regresar cuando quieres escapar del mundo.

Antes de que se convierta en un recuerdo

Y termino con algo que quiero que llevemos hoy en nuestros corazones. Llegará un día en que tomarán la última taza de café juntos. Habrá una última conversación. Una última risa. Una última vez que uno diga assalâmu ‘alaikum al entrar por la puerta. Y llegará un día en que uno de los dos entrará a esa misma casa… y el otro ya no estará allí. Su lugar seguirá allí. Quizás algunas de sus cosas seguirán allí. Los recuerdos seguirán allí. Pero aquella voz que alguna vez te molestaba… darías cualquier cosa por escucharla una vez más.

Por eso: No esperemos al cementerio para descubrir el valor de la persona que hoy está sentada a nuestro lado. No esperes perderla para reconocer que era una bendición. No esperes perderlo para recordar todo lo bueno que había en él. Trátense bien antes de que la convivencia se convierta solamente en un recuerdo.

Cuando regreses hoy a tu casa, no necesitas comprar un regalo costoso. Quizás el regalo sea una frase. Dile: “Gracias por todo lo que haces por nuestra familia.” Tómala de la mano. Sonríele. Escúchala. Y tú, hermana, reconoce también el esfuerzo de tu esposo. Y si existe entre ustedes una herida antigua, quizás hoy pueda ser el primer día para comenzar a sanarla.

No preguntes: “¿Por qué tengo que empezar yo?” Empieza tú por Allah. Porque cuando perdonas, cuando tienes paciencia, cuando corriges tu carácter y cuando tratas bien a tu esposo o esposa, no solamente estás haciendo algo por esa persona. Estás adorando a Allah. Y recordemos nuevamente aquella breve pero inmensa orden de nuestro Señor: “Y convivan con ellas de buena manera” [Sûrah An-Nisâ, 4:19]

Que Allah devuelva la tranquilidad a nuestros hogares. Que una nuestros corazones. Que sane los matrimonios que están sufriendo. Que nos haga esposos y esposas que se ayudan mutuamente a llegar a Él.

Y que nuestros hogares no sean simplemente casas donde vivimos juntos, sino lugares donde haya îmân, sakînah, mawaddah y rahmah: fe, tranquilidad, amor y misericordia. Âmîn.

Was-salâmu ‘alaikum wa Rahmatullâhi wa Barakâtuh

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